Prisionero político durante la Guerra Sucia Alberto Ulloa habla en la Ibero Abril 3, 2008
Posted by alumnos de periodismo UIA in Miranda Simon.Tags: Alberto Ulloa, Alfonso Herrera, amenaza nuclear, Arturo Ripstein, cárcel clandestina, Che Guevara, Cuarta Internacional, Editorial al y Arena, FARC, Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Polític, Guerra Fría, Guerra Sucia, Gustavo Díaz Ordaz, Lecumberri, Liga Comunista Espartaco, Los héroes y el tiempo, Lucio Cabañas, Revista Sucesos, revolución, Sendero en Tinieblas, Universidad Iberoamericana
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Por Miranda Simon
Alberto Ulloa Bornemann está vacunado. Su melena de revolucionario es ahora una cabeza de pelo corto y gris, pero su barba y bigote siguen remitiendo al Ché Guevara que admiraba en su juventud; y al ideal que lo llevó al Campo Militar I a ser torturado, y a las infames celdas del ‘Palacio Negro’ de Lecumberri. Ya clausurado y convertido en la el Archivo General de la Nación – El palacio ha sido testimonio presente y documental de lo que él y muchos disidentes políticos vivieron. Pero quizá ya no le guste que lo comparen con el Ché: la Guerra Sucia y el tiempo mató el sueño revolucionario. Sea o no a propósito, Alberto Ulloa está vestido de negro.
Ex estudiante de ciencias de la comunicación en la Ibero, ahora está frente a un grupo de estudiantes de esta misma universidad. Al principio se sienta en frente del escritorio de la clase y su mente lo lleva a los sesentas, cuando era universitario, entusiasmado por la filosofía y la psicología; en un México aterrorizado por la amenaza nuclear de la Guerra Fría.
“Todos los días veíamos en los noticieros, imágenes de de la imminente guerra nuclear… En clase de sociología un fulano de nombre, creo que Alfonso Herrera, que lo trajo nuestro profesor, -¡imagínense!, -dice- de repente os anuncia que está a punto de iniciarse la Tercera Guerra Mundial!… Ese era el ambiente que había.”
En 1964 subió Gustavo Díaz Ordaz a la presidencia, instaurando una máquina de subyugación que agregó a un clima ya tenso por la situación internacional. La institución familiar con padres “educados de una manera muy vertical” contribuyó a crear un sentimiento de represión entre los jóvenes, que luego iba a estallar en las protestas de1968 y 1971.
Leyendo periódicos de izquierda mexicana, de la cuarta internacional y un reporte de la revista Sucesos en la que se entrevistaba a las FARC, el ‘rebelde sin causa’, como se autonomina, se convirtió en “aspirante a hacer la revolución”.
En México se integró a la Liga Comunista Espartaco y después colaboró con el revolucionario guerrerense Lucio Cabañas, subiendo y bajando la sierra donde el maestro vivía - levantado en armas - llevándolo de un lado a otro y hasta hospedándolo en su casa cuando tenía que visitar al médico.
El 4 de septiembre Ulloa fue capturado en Tlaltizapán, Morelos y llevado a una cárcel clandestina. Con una irritación amarga cuenta como delató a una pareja mientras estaba siendo torturado, dos meses después de su captura. Contrariamente a lo que él consideró sentido común, la pareja no se mudó y tuvo que escuchar como los torturaban, desde su celda, “Yo nunca perdonaría al que me delató,” dice en el documental de Arturo Ripstein, Los heroes y el tiempo.
El remordimiento por haber delatado a la pareja y haber puesto a su familia en peligro, se refleja en su libro Sendero en Tinieblas (Ediciones Cal y Arena) como parte de la fuerte autocrítica que perméa el texto. Sin embargo, como dicen sus críticos, el libro no puede si no ser una denuncia – tanto al pasado como al presente: Después de casi tres décadas desde la guerra sucia, la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), instaurada por el presidente Fox, todavía no ha logrado enjuiciar al ex presidente Luis Echeverría, “No hay voluntad política… cuando yo llegué, me dijeron ‘¿Quieres abrir tu fichero?’ y ¡Ahí estaba todo! Y yo pensé ¿qué tanto están investigando si ya está todo acá?”
En febrero del 2006 salió a la luz el borrador de un enorme informe sobre la guerra sucia por parte de algunos investigadores de esta fiscalía, citando extensamente el texto de Ulloa Bornemann. Sin embargo, aunque la información existe y es ampliamente conocida, la denuncia de estos crímenes se ha quedado al nível de la palabra.

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