En México tuvimos al Robin Hood ‘pirata’ Mayo 7, 2008
Posted by alumnos de periodismo UIA in Regina Basurto.Tags: Add new tag
trackback

El 11 de diciembre de 1990, Alberto García Jr. se estaba casando, pero fue interrumpido por un tío que le susurró al oído que su padre había sido secuestrado en ese momento. 48 horas después el dinero del rescate fue a dar a las manos de un pueblo desértico, triste y pobre, como uno de los tantos de la República Mexicana; San Miguel de las Minas.
Por Regina Basurto
San Miguel de las Minas es uno de los 14 barrios del pueblo Izúcar de Matamoros, Puebla, que hoy está pasando por el ojo de los medios ya que su presidente municipal fue encarcelado por tráfico de cocaína en Estados Unidos. ¿Pero que hay de nuevo con eso? México y casi la mayoría de los países latinoamericanos están ahogados de noticias de gente importante en la política, jugando al narco y siendo atrapados en EUA.
Pero Izúcar es algo más que un pueblo gobernado por un presidente municipal narco y un gobernador “precioso”. San Miguel de las Minas, el barrio donde fue secuestrado el padre de Alberto García Jr. tiene una historia escondida que seguro comparten con muchos otros ‘pueblitos’, pero ésta ha pasado a ser más que una leyenda.
Arnulfo Chávez Iglesias alias “El Güilo”,“chaparrito, gordito y cojo”, un personaje difícil de distinguir en una multitud y, ni pensar en tenerle miedo. Pues éste señor fue el responsable de que “Las Minas” desde de los años 80 hasta el día de hoy, haya obtenido una reputación de barrio peligroso en el que si uno entra no sale.
Hasta la fecha, preguntar acerca de “Las Minas” y de Arnulfo Chávez, es cuestión de temer. Juan, despachador de la frutería y “jugería” ‘La Guadalupana’ en Izúcar, volteó a ver hacia los lados antes de contestar preguntas; sus empleadas lo vieron de reojo y otros clientes me pidieron que bajara la voz cuando hablara de eso y si decidíamos ir a “Minas” y preguntar de Arnulfo Chávez, pidieron que tuviéramos cuidado, aunque ya no fuera tan peligroso.
En un lugar árido llamado Las Minas…
<a href=”Las Minas se encuentra a 20 minutos de Izúcar por un camino de terracería, y después de subir una montaña en la que se ven correcaminos, cactus y un esporádico campesino que nos mira fijamente, encuentras Las Minas en medio de la Sierra Mixteca, metido como una serpiente en su madriguera. Estando en lo alto, te das cuenta que no hay más de 20 casas hechas de ladrillos de concreto, unas callesillas también de terrecería, pero camionetas Lobo bajo un techo que han construido adjunto a sus casas
” alt=”Se encuentra en medio de la Sierra Mixteca” />
Llegando a Las Minas, no hay gente en las calles. Una sola, es la que dirige hacía las demás, parece que es la principal, y en ésta podemos ver como las casas no están pintadas de ningún color, se ve el tabique adherido por el cemento y los techos de lámina. Todas iguales, tienen unas ventanitas protegidas por hierro verde en forma garigoleada, también lo que muchas casas comparten son antenas parabólicas sobre puestas en los techos. Aunque hoy sigan siendo casi inútiles, en los años 80’s eran una buena forma de comunicarse con el mundo exterior.
Sin querer llegar al clichè de llamar a Arnulfo Chávez, un Robin Hood, esa es más o menos lo imagen que de él se tiene por lo que hizo con el dinero de los rescates. Manuel Sánchez, historiador y cronista de la región de Izúcar de Matamoros, cuenta que “El Güilo”, (así le dicen por rengear,) daba el dinero a su pueblo, “a lo mejor por bueno, pero también por estrategia de que el pueblo lo defendiera, pero lo llegaron a querer, pus ¿!cómo no?! Además que los ‘peláos’ tenían la punta de la tecnología telecomunicativa.” De hecho, al entrar a Las Minas, vemos una antena de telecomunicaciones en una pequeña loma por encima de todas las casas, como si fuese un tipo de dios vigilando a su poblado.
Con el pretexto de tener sed en un lugar tan caluroso y árido, entramos en donde Doña Rosa, una señora veterana, con trenzas y un delantal rosa con azul; su hijo y cuñada, atendían la dócil tiendita en “Las Minas”. Al entrar, lo primero que vimos y nos llamó la atención fue el refrigerador de acero inoxidable, con despachador de cubos de hielo con la opción de frappearlo y un mini componente con bocinas instaladas en cada esquina, que sonaba al ritmo de una ranchera.
Antes de preguntar por Arnuflo, y para no causar tanto impacto, preguntamos acerca de una pequeña fruta que se encuentra en los cactus, es decir en todas partes, con aspecto de erizo de mar pero güero: “Chicos Pachote”, la cuñada nos aclaró y también dio a probar unos que tenían guardados dentro de un “Tupperware” en el refrigerador último modelo.
“Aquí ya no hay valientes,” dice Doña Rosa mientras nos ve comer la rara y desabrida fruta. Refiriéndose a los niños que andaban con metralletas y rifles en las calles, esperando el momento para defender a su líder Arnulfo. Quería evitar el tema porque nos repetía que él ya había muerto, y acerca de “Los Valientes”, “esos chamacos desmadrosos ya están en Estados Unidos o en el tambo porque la ley los asustó.”
El compadre de Manuel Sánchez, el Señor Alberto García (qepd), fue secuestrado por Arnulfo Chávez y su flotilla. “Mi compadre, me contaba que mientras lo tenían agarrado, él les preguntaba por qué lo hacían.,Y me decía que le decían: Ya nos acostumbramos señor, cuando nos estamos quedando sin dinero vemos la lista según el run-run de la gente con más billete.”
Y por supuesto no querían quedarse sin dinero, si según el señor Manuel, don García vio como los “hijos de su pelada” bebían cerveza Budweiser, acompañado de quesos holandeses y de cigarillos norteamericanos.
El robinhoodismo de “El Güilo”, no fue más que uno de los factores de su estrategia de secuestrador profesional. Las Minas tiene de cuatro a cinco entradas y salidas, en las que Chávez se pudo escapar más de una vez; Izúcar de Matamoros parece una telaraña en la cual también tiene varias entradas y todas se intercomunican hasta la ciudad de Puebla, Oaxaca y Guerrero. Acerca de esto, el cronista Manuel Sánchez comenta que, desde cualquier casa en Las Minas se pueden ver las camionetas de rescate entrando al barrio. Además como paréntesis al hablar de Sánchez, jura que mucha de la droga de Centroamérica cruza por su pueblo natal, hacia Norteamérica por las tantas redes solitarias de carreteras que existen alrededor de Izúcar.
Su Muerte
La manera en que, Arnulfo Chávez murió, sigue siendo una mezcolanza de cuentos. Existen versiones que lo mitifican aún más, en las que cuentan que hubo una persecución, donde él, a caballo, lo perseguía “la ley” hasta que cayó por un barranco. Cuenta también la leyenda, que en ésta dramática caída, murió y aunque se había desfigurado la cara, lo pudieron reconocer y saber que el responsable del miedo de muchos, había sido capturado.
Pero, por más que queramos creer éste tan grandioso ‘finale’ la muerte oficial es que “El Güilo” murió de manera menos digna que un héroe. Se cuenta que Arnulfo Chávez, sobre una de las tantas carreteras federales de la región de Izúcar, disparó a un policía federal por un supuesto problema que tenían. Ahora, ya existía la justificación lo suficientemente fuerte para perseguir a éste hombre hasta la muerte, un policía federal muerto.
Así que comenzaron a cazar a la serpiente en su madriguera. Las fuerzas policíacas tendrían que ser más inteligentes. Chávez, se podría escabullir fácilmente, conocía los caminos igual o mejor que ellos. Y su pueblo intentaría protegerlo.
Como sabrían que se escondería tan bien, tuvieron que arriesgarse y meterse a la ‘boca del lobo’. Los uniformados se desuniformaron. Al vestirse de campesinos comunes y corrientes, pudieron hallar al Houddini, y así fue que comenzó la gran persecución y la gran decepción.
Ernesto Álvarez, periodista del diario Síntesis de Puebla, cuenta en sus investigaciones, que mientras Arnulfo Chávez era perseguido por un “contingente de policías”, un humilde campesino, que decidió cooperar con la policía federal preventiva, le cortó camino a Chávez, encontrándoselo cara a cara en uno de las vías de escape. Sin titubeo, el valiente y anónimo campesino le disparó a quema ropa. Allí, un día caluroso, como todos en Izúcar, murió Arnulfo Sánchez alias “El Güilo” a la edad de 45 años.
Álvarez, comenta que “Los Valientes”, antes de huir y ser capturados, quisieron resignificar a su guía y patrón a matar al campesino y poco tiempo después a su familia.
Hoy, Alberto García Jr., secretario de Organización de la Confederación Nacional de Propietarios Rurales (CNPR). Dice que éste es un tema que le es muy difícil de tocar. Tuvo que pagar más de 90 millones de pesos por el rescate de su padre. “Fue el día de mi boda y mi esposa entiende si olvido nuestra fecha de aniversario.” El líder cañero, también comenta que pidió ayuda al gobierno de Izucar y de Puebla, pero no movieron ni “las manitas”. Todavía, Alberto García Jr. reconoce a algunos de la flotilla de Arnulfo Chávez, ya que no se tapaban la cara y aún merodean por la plazuela de Izúcar, que familiarizado, uno de ellos es un señor de edad, con ojos brillantes rodeados de arrugas y protegidos del fuerte sol de Izucar por un sombrero ranchero color marfil.
Comentarios»
No comments yet — be the first.