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Inocencia corrompida Mayo 7, 2008

Posted by alumnos de periodismo UIA in 1, Karla Farrugia.
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por Karla Farrugia

- Ya no quiero estar aquí.

- ¿Qué pasa?

- Quiero volver a mi casa, pero no puedo

- ¿Por qué?

- Porque un día hubo balazos, la policía me trajo aquí y no se donde está mi familia.

 Roberto tiene 5 años. Le platicó esto algún miércoles en el DIF a su maestra de pintura, Pilar Gutiérrez. Historias así, hay muchas. Fue lo que me llevó a visitar esta institución y observar por mí misma lo que sucede ahí, conocer a los niños, ver cómo viven.

El Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), es el  organismo público encargado de instrumentar, aplicar y dar dimensión a las políticas públicas en el ámbito de la Asistencia Social. En la página de Internet de dicha institución, www.dif.df.gob.mx, encontré que existen las llamadas Casas Cuna (su nombre verdadero es algo impronunciable: Centros Nacionales Modelo de Atención, Investigación y Capacitación Casas Cuna), entre las que se encuentra la de Coyoacán, localizada en Calle Moctezuma No. 46, en la Colonia del Carmen. El objetivo de dicha institución es proporcionar atención social, médica, psicológica, pedagógica y jurídica de calidad a niñas y niños de 4 a 8 años en situación de desamparo que han sido víctimas de abandono, maltrato físico o psicológico, rechazo familiar, abuso sexual, prostitución, etc. El acceso no es fácil, está muy restringido para proteger a los niños, sobre todo porque hay menores con una situación jurídica delicada, según me explicó Mónica Medina de Báez, educadora de medio tiempo del DIF. Tras participar en un evento pre-ñavideño, pudimos conocer parte de sus instalaciones el diciembre pasado. Acudimos a ayudar a repartir juguetes en una pequeña posada que organizaron particulares. “Prohibido tomar fotos o video, prohibido darle algún juguete a un niño y a los demás no, prohibido ingresar a algún área que no sea la asignada para la convivencia”. Obedecimos.

Las instalaciones son grandes y antiguas. Las paredes del lugar resguardan un auditorio, un gimnasio, una biblioteca, una gran cantidad de dormitorios, salones de usos múltiples, comedores, enfermerías y oficinas. En aquella ocasión sólo pudimos ver un enorme jardín, que me recordó a un parque que visitaba de niña, con juegos de metal despintado. Junto, una alberca vacía con azulejos blancos. Ahí estaban los niños, junto a las grandes escaleras del jardín, todos bien sentados, a la expectativa de la sorpresa. Algunos nos dieron la bienvenida con una amable sonrisa, otros, nos recordaron con una mirada que éramos intrusas. De un lado, las niñas, del otro, los niños. Alrededor de todos ellos se encontraban cinco cuidadoras, todas uniformadas con bata azul.

 

Jardín del DIF  (Todas las fotos fueron tomadas clandestinamente con un celular)

Hasta el mes de Octubre del 2006, población de menores era entre 0 y 6 años. Actualmente los niños que alberga esta institución tienen entre 5 y 8 años de edad y son un total de 64: 33 hombres y 31 mujeres. Estos menores, a diferencia de los de Casa Cuna Tlalpan (donde el rango de edad es ahora de 0 a 4 años) tienen muy pocas posibilidades de ser adoptados, pues las personas consideran que a su edad se presentan ya patrones de conducta viciados en ellos, que dificultarían la integración de la nueva familia adoptiva. Según la Lic. Rangel, jefa de pedagogía del DIF Coyoacán, esta visión no es del todo cierta, ya que en ambientes armónicos se pueden desarrollar niños sanos aunque sus antecedentes sean de vulnerabilidad social.

Algunos niños mostraban marcas de maltrato físico. Me había explicado la maestra de pintura sobre un periodo de 40 días de aislamiento al que son sometidos los niños cuando llegan al DIF. La mayoría de los niños que llegan ahí vienen por una denuncia previa, ya sea maltrato, abandono, abuso sexual o bien custodia temporal y se encuentran en muy malas condiciones tanto física como mentalmente. Por esto, al llegar al DIF, son puestos aislamiento total por cuarenta días en la “Casa Recepción” para valorar el estado general de su salud y para iniciar con el manejo emocional de su abandono, maltrato, abuso y/o separación de sus figuras de apego, buscando integrarlo al ambiente institucional en el que se desenvolverá.

La Lic. Ma. del Carmen Rangel Sánchez, jefa de pedagogía del DIF Coyoacán, me comentó que además este aislamiento es con el fin de evitar la propagación de posibles enfermedades que pudieran estar incubando. En el área de Casa Recepción se realizan rutinas de asistencia en actividades de vida diaria, principalmente de tipo recreativo y de sondeo a sus antecedentes escolares, para ubicar a los niños en el grado educativo que corresponda e integrarlos a la sala que les toque, dependiendo de su sexo y edad. ¿Cómo es posible que estos niños que estaban frente a mí, estuvieron cuarenta días en tratamiento tanto físico como psicológico y algunos sigan mostrando cicatrices de quemaduras y golpes?

Durante la convivencia, muchas niñas se acercaron a mí y me hicieron preguntas mientras jalaban mis aretes y me toqueteaban la cara. Era evidente la necesidad de cariño y contacto físico de estas criaturas. Por su parte, los niños miraban desde lejos, desconfiados, asustados. Estuve la mayor parte del tiempo con Martita, una niña que me saludó diciendo “O-a-a-i-a”. No logré entender lo que quiso decir y le pedí que me lo repitiera. Sucedió lo mismo. Una de las “mamis” (como llaman los niños a sus nanas o cuidadoras) me explicó que no tiene campanilla, por lo que su manera de comunicarse es a base de puras vocales, y que lo que quiso decir fue “Hola manita”.

Una de las nanas se acercó a mí y me dijo que era hora de llevarse a los niños, por lo que debíamos marcharnos. Le pregunté acerca de lo que harían a continuación con ellos y su respuesta fue: “Cambiarles la ropa, aunque deberíamos cambiarles el cerebro ¿no?” seguida de una risa burlona. Su “chiste” no me causó ni la más mínima gracia, y tras escuchar los gritos que le pegó a los niños para que se apuraran, incluso me preocupó.  ¿Qué hace aquí esta señora y en base a qué son contratadas las personas que trabajan en el DIF?

 

Uno de los niños del DIF de 4 años de edad

Los trabajadores del DIF

 El ingreso de Mónica Medina de Báez al DIF Casa Coyoacán se dio el 16 de febrero de 1999. Había realizado ahí su servicio social y cuando se desocupó una plaza de educadora, fue llamada. Hubo una especie de concurso y exámenes para entrar y ganó el puesto, y así sucede con todos las plazas, explica. Hace su trabajo con gusto, como la gran mayoría, pero desgraciadamente unos cuantos no lo hacen así y eso fue evidente con el maltrato verbal del que fui testigo. “No se justifica el maltrato de ninguna forma a los niños”, dice Pilar Gutiérrez, “por eso he reportado anónimamente a algunos empleados. A mí no me consta, pero varias niñas llegaron quejándose de que cierta persona les jala el pelo y “juega” demasiado brusco. Esto es reprobable. Con el tiempo te das cuenta de que algunos niños son bastante violentos y conflictivos y de repente es necesario alguien que los meta en regla, pero el maltrato no es la solución. Incluso hace unas semanas tres niños fueron expulsados de la escuela por tirar a su maestra y golpearla, y en la caída se fracturó la muñeca.” A Pilar también la han agredido con algunas patadas, pellizcos e insultos con palabras que ellos simplemente repiten, sin comprender su significado. Son niños con antecedentes muy difíciles y lo manifiestan con violencia, indisciplina, toma de objetos ajenos, apatía escolar, etc. incluso algunos presentan problemas psiquiátricos y deben ser medicados. ¿Cómo lograr que estas conductas negativas ya aprendidas no sigan a lo largo de su vida y logren convertirse en seres provechosos para sí mismos y la sociedad?

Niños violentos

La Lic. Rangel comenta que corregir estas conductas es actualmente uno de los temas que está siendo revisado constantemente, ya que por la edad de los menores se enfrentan a nuevos retos en sus alcances conductuales. Hace poco inició el Programa de Economía de Fichas. En este programa se lleva un registro de los comportamientos inadecuados de los niños y se les pone límites con la suspensión de acciones que los puedan premiar, como paseos, dulces o tiempo libre. Por otro lado, los mejores comportamientos son recompensados con puntos acumulables, que cada  semana son canjeados por un pequeño “estímulo”, inclusive económico, que pueden gastar libremente en sus escuelas.

Además de la implantación de estos programas, dice la maestra Gutiérrez que “hay que entenderlos, no tomarlo personal, tenerles mucha paciencia e intentar tranquilizarlos de manera pacífica, dándoles mucho amor. Han vivido cosas impactantes, yo no dejo de conmoverme semana con semana con las terribles historias que escucho”. Ella procura no preguntar, no involucrarse de más y no recordarle a los niños los malos ratos que pasaron. Pero algunos hablan sin haberles preguntado. Tienen la necesidad de contar, de desahogarse.

El caso de Johnny

A mediados de abril llegó un niño nuevo, de cinco años, bastante activo y platicador y con un extenso vocabulario para su edad. “Al poco tiempo de conocerlo, me presenté con él y comenzó a contarme su historia”, cuenta la maestra. El niño le platicó que él no venía de la casa de cuna Tlalpan (como sucede con la mayoría de los niños de ahí) sino que venía del albergue de la procuraduría.

“Me contó que su papá golpeó a su mamá hasta dejarla tirada, ensangrentada, en una recámara de su casa. Comenté lo mal que consideraba este acto, pues a las mujeres se les debe respetar, y el niño siguió contándome la historia. Su madre se le había lanzado a su esposo para defender a su hija. Cuando le pregunté que qué le había hecho su padre a su hermanita, su respuesta me dejó helada. Sigo sin poder procesarlo”, comentó.

Lágrimas salieron de sus ojos. No había podido desahogarse antes. Debe mostrarse fuerte ante los niños, para darles apoyo.

- ¿Qué te respondió el niño?, le pregunté.

- Que su papá, después de haberse tomado muchas cervezas con sus tíos, había golpeado en la vagina a su hermanita y a su mamá… con el pene.

Estas declaraciones afectaron profundamente a Pilar Gutiérrez, quien sólo está en contacto con los niños los miércoles de 4:00 a 6:30pm. ¿Qué sucede con los empleados que tienen contacto más frecuente con los niños y que escuchan estas historias diariamente? Según la Lic. Ma. del Carmen Rangel Sánchez, no es posible realizar apoyo de terapia psicológica a los empleados (lo cual seria muy benéfico) por las condiciones de presupuesto. Únicamente cuentan con el Programa General de Capacitación del Sistema, donde se imparten cursos de relaciones humanas, trabajo en equipo, desarrollo infantil, nutrición, enfermedades infantiles, manejo de equipos de seguridad, etc. Y ya que no tienen terapias ni apoyo psicológico, ¿cómo evitan involucrarse emocionalmente con los niños para que el desapego no sea un momento traumático en cuanto tengan que dejar la Casa? La jefa de pedagogía explica que esto muy difícil, porque como en toda relación humana, se involucran los sentimientos de manera tanto positiva como negativa, pero que es básico que el personal de psicología intente que se mantenga una relación sana entre los niños y el personal que los atiende, mediante pláticas y supervisión constante.

El pan de todos los días

Impresionante. Como dice la página e-Mexico, al abordar el maltrato infantil nos vemos enfrentados a una serie de problemas. Existe un desconocimiento de la verdadera magnitud del fenómeno debido a que no se cuenta con datos duros y que el tema, en muchos casos, se remite a los espacios más íntimos de la convivencia familiar. Según una nota publicada en el periódico Vanguardia este mes, después de un año, en abril del 2008 ha concluido el Diagnóstico y Programa de Derechos Humanos del Distrito Federal, mediante el cual se emprenderán medidas para mejorar la calidad de la vida de los habitantes. Únicamente en el Distrito Federal viven alrededor de 80 mil niños que padecen “violencia extrema”, según estudios realizados por la dirección de Igualdad y Diversidad Social del Distrito Federal. Además en el foro realizado por el gobierno del DF “Treinta Días de Activismo por la Defensa de los Derechos de los Niños y las Niñas”, el secretario de Desarrollo Social, Martí Batres, destacó que, “existe aproximadamente medio millón de niños y niñas que sufren maltrato”. En 2007, el DIF capitalino registró 587 casos de niñas y niños víctimas de malos tratos (esto es los denunciados oficialmente, porque esta cifra seguramente es mucho más grande). Por otro lado, en una nota de El Universal publicada el 16 de abril de este año, se destaca que en consultas aplicadas por este organismo entre 2001 y 2007, en 34 centros educativos, se encontró que en promedio, 71% de los infantes reportaron ser maltratados física o psicológicamente en sus hogares o en la escuela. Además cabe destacar que 55% de los educadores se autorreportaron, de manera anónima, como maltratadores. Alarmante ¿no?

De nuevo en la Casa Cuna

Así que para adentrarme más en el tema, contacté a la Lic. Ma. del Carmen Rangel Sánchez, jefa de la Oficina de Pedagogía de la Casa DIF Coyoacán, y me dio una cita para entrevistarla el viernes 18 de abril a las 11:30 de la mañana. Llegué 15 minutos antes. Después de registrarme en la entrada, me dieron un gafete de visitante. Subí por las escaleras principales y recorrí los pasillos de la institución. Algunas paredes pintadas color crema, otras, con pinturas de diversos personajes para niños: Winnie Pooh, Mickey Mouse, etc. Llegué al segundo piso y encontré de un lado de la dirección, debía llegar al otro extremo. Recorrí el frío pasillo, pasé varias puertas cerradas, incluyendo una que decía “Odontología”. Ahí un grupo de dentistas atienden a los niños. Ha habido casos de caries severas debido a que los niños no se quieren lavar los dientes. ¿Razón? La pasta dental con la que cuentan es marca “patito” y les sabe fea.

Llegué finalmente a un salón grande, dividido en varias sub-salas por medio de muros que me llegaban a la cintura. En cada sección, una mesa con varias sillas. Algunas sin una pata, otras con hoyos en los asientos. Las mesas rayadas y despintadas. Es ahí donde los niños hacen sus tareas durante las tardes. Avisé de mi llegada a la secretaria y me mandaron a una sala a esperar. Los sillones rotos estaban colocados frente a una mesa atiborrada de cuadernos, hojas y lápices de colores viejos.

 

Útiles escolares de los niños

Esperé 15 minutos y era hora de mi cita. La Licenciada no aparecía. Pasó media hora más… luego una hora. Pregunté que sucedía y la secretaria hizo una llamada telefónica. Diez minutos después se disculpó y me dijo que la Licenciada no podría atenderme, pues la convocaron a junta y que le dejara hoja con las preguntas. Es la segunda vez que por causas ajenas a las personas con las que iba a platicar se tuvo que cancelar una entrevista personal para hacerla por escrito. Me marché molesta y decepcionada, no sin antes dejar la hoja con 20 preguntas para la jefa de pedagogía.

De salida, un niño me pidió ayuda para abrir su dormitorio. No lo tengo permitido, nadie ajeno al DIF puede entrar a las habitaciones. El niño insistió y fue cuando pasó una “mami” y le dije lo que el niño me había solicitado. Me dijo que lo ayudara. Fue cuando entré por primera vez a una de las recámaras. Parecía cuarto de algún hostal. Una habitación grande, con 16 camas, ocho de cada lado. Junto a cada una, un pequeño buró. Los cobertores rojos algo desgastados cubrían los colchones. El niño tomó un par de zapatos que estaban junto a una de las camas y los cambió por los tenis rotos que traía puestos. “Gracias”, y salió corriendo. 

 

Un dormitorio del DIF

La vida en el DIF

Me quedé unos segundos más en la habitación, pensando ¿cómo es un día común para estos niños? La maestra Medina me explica su rutina: a las 6:00 hrs, ingresan a las regaderas comunales para bañarse y las “mamis” se encargan de ayudarlos con su arreglo personal. A las 7:30 bajan al comedor para tomar el desayuno. Poco antes de las 8 de la mañana los niños que van en primaria suben a las camionetas para llegar a la escuela. A las 9 sucede lo mismo con los pequeños que asisten a jardín de niños. Entre 12 y 12:30 del día regresan todos los niños al DIF y tienen una hora libre a la una de la tarde. A las dos de la tarde comen y de tres a tres y media se arreglan y lavan los dientes. De 15:30 a las 18:00 hrs realizan sus tareas y después se cambian (la mayoría usan los uniformes de las escuelas públicas a las que asisten) A las 6:40 cenan, luego se lavan los dientes y finalmente a las siete y media de la noche se van a dormir.

 

Salón de tareas

Los fines de semana hacen diversas actividades ahí mismo: ensayan actos especiales (por ejemplo el pasado 14 de febrero recibieron la visita de un asilo de ancianos y les bailaron y cantaron), manualidades, talleres de lectura, etc. Además es cuando tienen tiempo para ir a los juegos y en días de mucho calor, les llenan la alberca.

Las visitas a los menores pueden ser por parte de padres, abuelos, o cualquiera que compruebe un vínculo familiar; siempre y cuando el Juez que lleve el caso determine y solicite oficialmente a las autoridades de la Institución la realización de convivencias programadas. Éstas visitas se realizan generalmente en la llamada “Cámara de Gessel” donde se observan a través de un espejo las conversaciones o actividades lúdicas con los materiales que se encuentran en el área (juguetes, cuentos, hojas, lápices de colores, etc.). Además Muchos niños tienen hermanitos de distintas edades, por lo que fue creado el Programa de Lazos Fraternos, en el quincenalmente se reúnen a los hermanos que residen en las diferentes Casas Asistenciales, y que fueron separados de acuerdo a la edad de ingreso. En cada ocasión se cambia la casa anfitriona y realizan actividades recreativas como talleres manuales, conferencias, proyección de películas, etc. y tiempo de actividad libre supervisada por educadoras y psicólogas, a fin de propiciar encuentros que preserven los lazos familiares y la posibilidad de intercambiar experiencias entre hermanos. Además en días especiales como Navidad o día del niño, grupos voluntarios (generalmente de universitarios) organizan convivencias con piñatas, dulces y juguetes para hacerles pasar un buen rato.

Conclusión

Es evidente que se necesita mucho más para mejorar su calidad de vida. El gobierno no designa el presupuesto necesario. Les hace falta mucho, desde lo más básico como ropa interior, zapatos, cobertores, pasta de dientes, shampoo, útiles escolares, etc. Y no sólo se necesita ayuda en especie, sino en tiempo. No veamos esto como una realidad ajena, es algo que nos involucra a todos los mexicanos. Tenemos que actuar y darles a estos niños un poco de lo que tenemos para que su desarrollo sea el óptimo y no crezcan y se conviertan en delincuentes, porque en sus casas es lo que aprendían, y la violencia genera violencia. Podemos cambiar esto, es cuestión de involucrarnos y tener ganas de ayudar. Existe un programa llamado Apoyo Afectivo, donde voluntarios solicitan su ingreso (sin goce de sueldo) y tras un proceso de selección son elegidos (por medio de una entrevista y exámenes psicológicos cada año) para participar en diversas actividades terapéuticas o recreativas. No hay que juzgar a las instituciones y tacharlas de un mal trato y de ser los culpables de que los niños vivan mal, al contrario, en ocasiones han rescatado del infierno a estas criaturas. Pero no es suficiente. Hay que dejar de preocuparse y empezar a ocuparse y hacer conciencia en los niños y jóvenes, que son el futuro de nuestro país.  

 

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