Moral y política: La intencionalidad en el escándalo

por Jorge Kündig 

En todos los países del mundo, las personas dedicadas a la política y la administración pública, son blanco de reflectores por su condición de figuras públicas.

En México los escándalos políticos no nos son ajenos en absoluto: desde los famosos videos de las ligas en los que participaba René Bejarano, pasando por los bochornosos incidentes protagonizados por figuras como el alcalde de Acapulco Félix Salgado Macedonio, el diputado panista Francisco Solís Peón (mejor conocido como Pancho Cachondo), o más recientemente la diputada priísta Dalia Pérez Castañeda. El tema de moda es el supuesto tráfico de influencias realizado por el Secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño. Los medios nacionales han encaminado sus esfuerzos al tratamiento de este caso, publicándolo como nota principal, en la espera del desenlace de la investigación en torno a él.  Paralelamente, los medios estadounidenses –y en buena medida los nacionales- han hecho un particular énfasis en el escándalo sexual del gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer, lo cual ha desembocado en la renuncia de Spitzer esta mañana. La nota aparece en las primeras páginas de medios como el New York Times, el Washington Post y el Wall Street Journal. Pareciera que los medios nacionales buscan la misma resolución en el caso de Mouriño, independientemente de que sus acciones hayan sido legales o no, probablemente por el desgaste mediático que ha sufrido tras el escándalo. Pareciera que los medios informativos serios cada vez se asemejan más a los tabloides o a las revistas del corazón, porque no es que los políticos se comporten peor, sino que nos enteramos de ello más frecuentemente, como señala Paul Apostolidis en entrevista para el New York Times. Al mismo tiempo, vemos como nota de primera página –y en varios artículos de opinión y columnas- el caso Mouriño en medios de diversas líneas periodísticas, como El Universal, La Jornada o el Diario Milenio. La presión sobre el Secretario de Gobernación es fuerte, ya que al parecer sólo cuenta con el apoyo de su partido y del Ejecutivo Federal, y cada vez va perdiendo más adeptos. Tanto los medios como los partidos de oposición ejercen una coacción que probablemente resultará en la dimisión de Mouriño. Todo esto, por supuesto, en el marco de la tensión nacional por la reforma energética. El tratamiento informativo y mediático de ambos casos nos invita a pensar en cómo se tejen los hilos de la presión política por parte de los grupos de poder, y los “ajustes de cuentas”. En el caso de Spitzer, el destape del escándalo –se vio implicado con una red de prostitución- se dio tras todo un trabajo de investigación, y fue posteriormente cuando los medios abordaron con gran amplitud el tema. Por otro lado, Mouriño fue acusado por tráfico de influencias en las licitaciones de PEMEX, y es hasta ahora cuando se está llevando a cabo la investigación, aunque mediáticamente ha sido sentenciado culpable. Pareciera que los medios nacionales buscan hacer una conexión más directa entre ambos casos, elogiando a Spitzer por su renuncia tras el error, y tal vez buscando que Mouriño lo emule. Mientras tanto, Nueva York contará con el primer gobernador afroamericano e invidente de su historia, al suceder David A. Paterson –el vicegobernador- a Spitzer. Veremos si el gobierno de Felipe Calderón llega a tener un tercer Secretario de Gobernación.

 

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