El cuasi cura y guerrillero que trabajó en Los Pinos

Rubén Aguilar Valenzuela cuando fungió como responsable de prensa de la guerrilla en El Salvador a principios de los años ochenta.

Un vistazo a la vida de Rubén Aguilar Valenzuela, el jesuita que hizo la guerra en El Salvador y fue portavoz de Fox; en la foto aparece en sus tiempos de responsable de prensa de la guerrilla centroamericana de principios de los años ochenta

 

Por Juan Carlos Zúñiga

El timbre retumbó en cada pared de esa fría y vacía oficina en Los Pinos. A esas horas los únicos que usualmente estaban disponibles para levantar el teléfono rojo eran el portavoz del Presidente y el secretario de la Defensa.

Como buen militar, el general Gerardo Clemente Ricardo Vega García es un hombre de pocas, poquísimas palabras.

Rubén, te habla el general Vega-, saludó el militar en tono ceremonioso al vocero del Presidente.

Hoy publican los periódicos un boletín del Ejército que dice que se decomisó droga en 29 campos de la zona zapatista-, continuó rápido el general tan solo para despedirse con unos secos –buenos días-.

Con esa poca información, Rubén Aguilar Valenzuela, el jesuita guerrillero convertido en vocero del gobierno de la alternancia en México, tenía la delicada tarea de desactivar un probable conflicto con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Había entendido muy bien lo que el general Vega le estaba pidiendo.

Ya para la hora de la habitual conferencia de prensa, los zapatistas habían activado la alerta roja, la primera y única en el sexenio foxista.

El Gobierno de la República quiere hacer una aclaración. Hubo una equivocación respecto a una información que se publica hoy del Ejército de un decomiso de droga en la zona zapatista. Quiero subrayar que tal decomiso fue en las inmediaciones de la zona zapatista y no, como se difundió, en la zona zapatista-, precisó Aguilar.

Tras la conferencia, la crisis quedó desactivada con la suspensión de la alerta roja decretada por el subcomandante Marcos.

De ese tamaño es el valor brutal de la palabra, suele decir Aguilar a raíz de esa experiencia y otras a sus alumnos de Comunicación y Ciencias Políticas de la Universidad Iberoamericana, sitio donde labora, además de su despacho, desde que concluyó su labor en el Gobierno federal en diciembre de 2006.

Algo parecido ocurre con la fantástica frase “lo que el Presidente quiso decir”, convertida ya en uso común de la nación,  pese a no ser acuñada por el vocero foxista, sino por el escritor del popular programa “El privilegio de mandar”, donde el actor Jorge “El Tata” Arvizu interpretó a Rubén Aguilar.

Y aunque Aguilar por más que aclare que él nunca pronunció esa frase, difícilmente la gente se lo creerá.

El sonorense Rubén Aguilar Valenzuela llegó a Los Pinos en agosto de 2002 por invitación de su coterráneo Alfonso Durazo Montaño, en ese momento secretario particular del presidente Fox. Y pese a ser dos conocidos sonorenses, entre ellos no había relación previa.

Tras dejar su negocio particular, el que fundó luego de dejar la guerrilla de El Salvador en 1985, Aguilar se inició en Los Pinos como el responsable de los discursos del Presidente, función que le dio oportunidad de tratar directamente con Fox, siempre con la venia de su jefe Durazo, quien en julio de 2004 se separó abruptamente del gobierno por medio de una larga carta en donde acusó al Presidente de abonarle el camino a su esposa Marta para que buscara la Presidencia en 2006, entre otras cosas.

Justo el día que Fox celebraba su cumpleaños, el aniversario de bodas con Marta y cuatro años del triunfo electoral del 2 de julio, en Los Pinos ya se sabía de la carta de renuncia de Durazo, la que se publicaría en varios periódicos nacionales el lunes 5 de julio de 2004.

Rubén, sé que llevas una buena relación con Durazo-, le dijo Fox a Aguilar la mañana de ese viernes 2 de julio en una de las cabañas de Los Pinos.

Te pido por favor que hables con él-, continuó Fox, –seguro te has dado cuenta que ha habido algunos problemas. Por ahí anda una carta que yo estoy dispuesto a discutirla con él. No me parece una carta justa, objetiva, apegada a la verdad-.

Sí Presidente, yo hablo con él-, le prometió Aguilar.

Todo ese fin de semana, buscó a Durazo sin éxito. La carta ya había sido enviada a varios medios nacionales y locales y difícilmente quien fuera también secretario particular de Luis Donaldo Colosio se echaría para atrás.

Al paso del tiempo, Aguilar piensa que desde 2004 Durazo se vendió muy bien a quien  consideraba ya ganador de la contienda de 2006, el perredista Andrés Manuel López Obrador.

De hecho, defendió en su momento a Durazo, justificando que su carta se debía a una cuestión de convicciones, pero cuando apareció de aliado de López Obrador en las elecciones de 2006 e incluso fue candidato a senador por el PRD en Sonora, le quedó claro que el de Bavispe vendió muy bien su renuncia.

El día 5 de julio, por la mañana, ya sin poder hablar con Durazo y con la carta publicada, el jefe de la oficina de la Presidencia, Ramón Muñoz, le habló a Aguilar para proponerle, en nombre del Presidente, ser el nuevo titular de Comunicación Social de la Presidencia, en sustitución de su coterráneo, proposición que aceptó.

La principal innovación que implementó fue la de crear la figura del vocero y salir todas las mañanas a responder las preguntas de la prensa, modalidad que no fue idea original de Los Pinos, sino del entonces jefe de Gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador, con quien le tocó compartir reflectores solo un par de semanas, pues a finales de abril de 2005, López Obrador dejaba la jefatura de gobierno.

Para Aguilar, la figura del vocero contribuyó, además, para que López Obrador cayera en las preferencias electorales, más cuando el candidato presidencial perredista llamó a Fox “chachalaca” y le pidió que se callara.

Nadie en México tiene derecho a callar a nadie. En democracia nadie calle a nadie-, dijo el portavoz esa mañana.

En entrevista, Rubén Aguilar Valenzuela, hoy con 61 años de edad, habla de sus raíces sonorenses, la vida de jesuita, el paso por la guerrilla en El Salvador, la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas en 1994, el libro La Diferencia y, finalmente, su trabajo más famoso y conocido: ser portavoz de Fox.

 

Las raíces

Rubén Aguilar Valenzuela no pudo nacer en Navojoa, donde residían sus padres, porque el parto se pronosticaba difícil y esa tarea únicamente la podía sacar adelante el doctor Romo en Huatabampo.

Así, el 9 de junio de 1947 nació el primogénito del matrimonio compuesto por Rubén Aguilar Monteverde y por Rosa Alicia Valenzuela García en la tierra del ex presidente Álvaro Obregón, para quien, casualmente, trabajaba el abuelo de Aguilar Valenzuela, don Fernando Aguilar Quintana.

Fueron seis hermanos: Rubén, el mayor; Horacio, Jorge, Luz María, Octavio y Javier.

El padre de Rubén realizó una meteórica carrera en Banamex. Empezó de tan solo 14 años trabajando en la sucursal Navojoa y fue quien le entregó el banco, en su carácter de director general, al presidente José López Portillo al nacionalizarse la banca en 1982.

Gracias a Banamex, la familia Aguilar Valenzuela recorrió el país. Don Rubén fue alto funcionario del banco en Los Mochis, Mexicali, Monterrey, Hermosillo y el Distrito Federal.

Pero independientemente del lugar donde residieran, todos los periodos vacacionales la pasaban en casa de los abuelos en Navojoa, desde donde iban seguido a la playa Las Bocas y a visitar familiares en Álamos, Ciudad Obregón y Hermosillo.

Ahí Rubén hijo recuerda muy bien sus primeras visitas al cine en la casa del padre De Alba, a donde iba a ver películas de Flash Gordon. Se cortaba el pelo con el peluquero Palomares, de mucha fama en Navojoa; los abuelos lo mandaban a comprar medicinas a la farmacia de don Emir y la comida con el carnicero Alfredo.

Fue en la capital de Sonora donde Rubén hijo realizó sus estudios de preparatoria en el Colegio Regis y comenzó a interesarse en la vida religiosa. Corrían los meses de entre 1963 y 1965.

Es en el Regis donde Aguilar inicia sus primeras tereas de vocero, cuando fue designado como el responsable de ofrecer el discurso de fin de año escolar.

En esa época lo impactó mucho una biografía de Mahatma Gandhi escrita por Luis Fisher y algunos libros relacionados con la Revolución Mexicana y la guerra de los cristeros.

Al terminar la preparatoria, decide viajar a la Ciudad de México para tocar las puertas de los jesuitas, influenciado por la biografía del padre Eusebio Francisco Kino. Contrario a lo que hizo la mayor parte de su generación de bachillerato, que se fue a estudiar Contabilidad o Administración al Tec de Monterrey, él decidió que tenía que dedicar su vida a algo diferente, a trabajar a favor de los pobres.

Así llegó a la iglesia de la Sagrada Familia, de la Ciudad de México, a solicitar su ingreso a la Compañía de Jesús. Se entrevistó con seis sacerdotes y, tras duros exámenes e interrogatorios, le dijeron que uno de ellos le hablaría posteriormente para ver lo de su ingreso. Como la llamada nunca llegó, el propio Rubén habló para preguntar por su caso y uno de los sacerdotes le dijo que esa era precisamente la prueba que le había puesto, si hablaba, sería aceptado en la congregación.

Fue entonces el 5 de enero de 1966 cuando Aguilar entró a la Compañía de Jesús. El noviciado lo realizó en Santiago Tianguistengo, Estado de México, la tierra, por cierto, de los Hank González. El noviciado duró dos años y, al final del mismo, hizo los votos perpetuos (los jesuitas son las única organización de la Iglesia que se les permite realizar los votos con apenas dos años en el seminario).

La segunda etapa de formación fue en Puente Grande, Jalisco en donde estudió Humanidades y, al mismo tiempo, cursó estudios de Comunicación en el Iteso, la universidad jesuita de Guadalajara.

Posteriormente cursó Filosofía y Teología en la Ciudad de México, alternándolas con Antropología y Sociología en la Universidad Iberoamericana. En total sumó 14 años de formación jesuita, pero no se ordenó. El trabajo social lo llamaba más.

 

De invasor a guerrillero

Justo al terminar Filosofía, en la penúltima etapa de formación jesuita antes de la ordenación, la Compañía de Jesús decide cerrar el Colegio Patria y con la venta de sus terrenos fundar la organización Fomento Cultural y Educativo, A.C., Aguilar es enviado por los jesuitas a coordinar, junto con otros compañeros, un proyecto alternativo de educación en la colonia Ruiz Cortines, ubicada la zona de Los Pedregales.

Ahí él y los demás jesuitas invaden terrenos para construir sus casas y realizar la obra educativa en las invasiones Ruiz Cortines, Ajusco y Santo Domingo.

Además de implementar nuevas alternativas educativas, los jesuitas, encabezados por el sonorense, se metieron a organizar políticamente a las comunidades con el objetivo de defender y legalizar sus tierras.

En esos dos años en la invasión, Aguilar es enviado por los jesuitas a París, Francia a estudiar en el Inodep, de Paulo Freire, un centro de formación de cuadros para trabajo en los sectores populares y de organización institucional. Ahí estuvo medio año.

Al entrar a Teología, ya la última etapa de formación antes de la ordenación,  sigue viviendo en el barrio y empieza a hacer contacto con integrantes de la guerrilla centroamericana.

En el tercer año de Teología toma la decisión de no ordenarse, igual que sus compañeros de la Compañía, y decide terminar los cuatro años de formación y solicitar sus dimisorias de los jesuitas, mientras por medio de Fomento Cultural y Educativo, A.C. vive en Tlahuelilpan, Hidalgo, un pequeño poblado indígena compuesto por otomíes, en donde ayuda a formar cooperativas de consumo de 80 pueblos.

A esas alturas, ya había hecho lazos estrechos, desde la clandestinidad, con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), la guerrilla salvadoreña, específicamente con las Fuerzas Populares de Liberación (FPL).

Su carrera de guerrillero comenzaba mientras daba punto final a la vida religiosa, influenciado por una crisis que vivió la Iglesia a finales de los años setenta.

 

Vio la muerte

Cinco días después del 10 de enero 1981, fecha de la ofensiva general del FMLN contra el gobierno de El Salvador, Aguilar estuvo a punto de perder la vida.

Y aunque literalmente no le tocó tomar las armas, pues su función fue la de romper el cerco informativo que había sobre la guerrilla y el genocidio que padeció El Salvador, en varias ocasiones estuvo en la línea de fuego.

Ese día después del 10 de enero de 1981 las estructuras de comunicación interna de la guerrilla se rompieron a raíz del avance de los rebeldes de la montaña a las ciudades. A Aguilar le pidieron viajar a uno de los frentes de batalla a restablecer la comunicación, pero antes de lograrlo, fue detenido por un grupo de campesinos.

Fue bajado violentamente del VW sedán que manejaba con insignias de prensa, le colocaron una pistola en la sien y lo tiraron al suelo. Les mostró rápidamente el pasaporte mexicano para decirles que era periodista, pero los campesinos no sabían leer.

Como Aguilar portaba un radio civil y su físico es alto y blanco, esos eran elementos suficientes para que los campesinos sospecharan que se trataba de un “asesor norteamericano” y por ello había que eliminarlo.

“Empecé a preguntar dónde está el responsable de ustedes”, recuerda, “me dije: hay dos posibilidades, o estos compañeros son paramilitares o son campesinos de la organización simpatizante a nivel de la estructura base. Entonces aposté a que fueran compañeros”.

Empieza a preguntar a los campesinos por los responsables, a decirles que no dispararan porque matarían a un compañero, a identificar a los comandantes del movimiento, a intentar darles pistas de que era parte de ellos y no su enemigo.

Finalmente los campesinos lo dejan ir libre.

Esa situación fue motivo suficiente para que hablara seriamente con sus padres de sus objetivos reales de estar en Centroamérica. A sus padres les había dicho que iría a Nicaragua a realizar trabajo educativo, cuando en realidad fue a la guerrilla salvadoreña.

Fue a la edad de Cristo, 33 años, cuando se enfiló formalmente en el FMLN. Su misión fue establecer una estructura abierta de prensa por medio de la Agencia Salpres para denunciar al mundo las atrocidades que se cometían en El Salvador y demostrar la fuerza de la guerrilla.

Para entrar a Centroamérica obtuvo una acreditación como corresponsal de Notimex, la agencia mexicana de noticias, y del Inter Press Service (IPS).

Con su labor, logró introducir unos cuarenta periodistas extranjeros a El Salvador, quienes se percataron del genocidio. Organizaba recorridos con la prensa internacional por las zonas de conflicto y era común encontrarse entre 20 y 25 cadáveres tirados en las montañas.

Entre 1980 y 1981, Aguilar perdió a 43 hombres y mujeres que consideraba realmente sus amigos.

Otros dos amigos suyos también le salvaron la vida durante la guerrilla. Se trata de Jorge Palacios, director general en la Secretaría de Relaciones Exteriores de principios de los ochenta, quien le envió una nota al encargado de negocios en Nicaragua, Gustavo Iruegas, informándole sobre su presencia en la guerrilla.

Y fue precisamente Ireguas quien saca de Centroamérica a Aguilar cuando el gobierno salvadoreño tenía información muy precisa sobre las actividades del supuesto corresponsal de Notimex e IPS.

Entonces, ya pasado el peligro, Aguilar vuelve a Managua, Nicaragua a continuar conduciendo la agencia Salpres hasta noviembre de 1984. En ese lapso conoce a la periodista alemana Sybille Flasuhka, con quien se casa y tiene, posteriormente, tres hijos: Sara, hoy de 23 años; Sebastián, de 19, y Sofía, de 15.

 

La alternancia

Ya en México, Aguilar decide poner un despacho privado de asesoría política y de comunicación,  y empieza a trabajar, desde la sociedad civil, por la alternancia.

Como la guerrilla en México nunca tuvo ninguna posibilidad real de éxito a raíz del empoderamiento del partido oficial, del territorio tan grande del país y de la presencia del Ejército, había que pensar en otras alternativas para deshacerse del PRI.

En 1988 decide apoyar, desde las organizaciones de la sociedad civil, la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas, el abanderado del Frente Democrático Nacional que le fue arrebatado el triunfo por medio del fraude electoral cometido por Carlos Salinas de Gortari y el PRI.

También en ese lapso conoce a Vicente Fox, entonces candidato del PAN a la gubernatura de Guanajuato. En ese Estado participó como integrante de una organización de la sociedad civil que vigiló el proceso electoral que llevó a Fox a la gubernatura.

En 1994, por invitación de Jorge G. Castañeda y Adolfo Aguilar Zinser es coordinador de Prensa de la campaña del ingeniero Cárdenas a la Presidencia de la República.

La decisión de apoyar a Cárdenas se da otra vez por la búsqueda de la alternancia, aunque el país en ese momento no quiso dar ese paso.

De hecho, Aguilar tiene una teoría al respecto, que la compartió con el ingeniero Cárdenas semanas antes de la elección de 1994.

En una gira de campaña por San Luis Río Colorado, Sonora, le comentó a Cárdenas que su triunfo en 1988 había sido porque la gente vio en él a un priista bueno; la gente quería un cambio, pero sin salirse del “sistema”. Pero cuando el electorado lo ubicó como de izquierda, ya en el 94, ya no como el priista bueno, tuvo miedo, se alejó y por eso no votaría por él.

Tras la derrota de Cárdenas, llega el 2000 y nuevamente desde la sociedad civil se una al “voto útil” para que Fox sacara al PRI de Los Pinos. Dos años después estaría trabajando con él haciéndole los discursos y un poco más después resolviéndole problemas de comunicación.

 

EN CORTO

 

Pregunta.- ¿Marta Sahagún quiso ser candidata a Presidenta?, como lo denunció en su carta Alfonso Durazo.

Rubén Aguilar Valenzuela– El Presidente, en una reunión de staff, dijo dos semanas antes de esa carta que Marta jamás sería candidata a la Presidencia, por eso me extraña (la carta de Durazo), me parece que fue una estrategia política (la de Durazo).

 

P-¿Fox la impulsó?

RAV- Yo pienso que sí, pero de otra manera. Marta tenía una enorme simpatía de algunos sectores de la sociedad, que coincidían con los sectores populares, mismos que tenía López (Obrador) y que él pensaba que ese juego ambiguo de que Marta pudiera parecer candidata podía mantener a esos sectores y que después Marta le podía dar esos votantes al candidato que fuera elegido por el PAN.

 

P- ¿Por qué Calderón no tiene vocero, como sí lo hizo Fox?

RAV- Él consideró en su estrategia que no le resultaba útil en los términos que él pensaba manejar la comunicación y deslindarse del gobierno del presidente Fox.

Creo que en los primeros meses le pudo resultar a favor, pero ahora me parece que le resulta contraproducente. El gobierno está borrado, yo pienso que la democracia exige el portavoz, es estructural a los procesos democráticos, ahora el presidente Calderón ha decidido otra estrategia, encontrará virtudes, me cuesta trabajo encontrárselas hoy, pero lo que veo es un gobierno que está borrado en la imagen de las personas, en términos de quiénes son los funcionarios y en términos de cuáles son las acciones de gobierno.

 

P- ¿Están otros actores en escena?

RAV- Sí, en las últimas semanas creo que hay un reposicionamiento de López Obrador, que sí va a todos los medios, que está en la agenda diaria.

 

P- Usted apoyó el voto útil a favor de Fox, como lo hicieron muchos personajes de la izquierda y sin partido. ¿Por qué se le apoyó a Fox en 2000 y después esos personajes lo abandonaron?

RAV- Yo pienso que sí, que apoyaron mucho el proceso de la transición democrática y a la hora de llegar al gobierno de la alternancia, probablemente esperaban más del propio Presidente y se decepcionaron, pero me parece que el apoyar el gobierno de alternancia, el tratar de abrirle el espacio de alternancia no pasaba si a uno le gustaba o no Fox, le pasaba por ese propio momento histórico que es la alternancia.

Quedó muy corto (Fox) de las expectativas que la ciudadanía pone en términos de lo que es un presidente de la alternancia, no es caso excepcional, les pasó a todos los presidentes de América Latina. Lo que la democracia da es un sistema de gobierno que permite a mediano y largo plazo construir en un marco de estado de derecho, en un marco de juego abierto en la disputa de poder, por la agenda pública, permite llegar a hacer una sociedad más justa y equitativa, pero no lo da en automático, se da en un proceso histórico.

 

P- ¿Usted es un defensor de la alternancia?

RAV- Yo me siento muy orgulloso. No habrá otra oportunidad, es única, se da una vez en un país. Ese momento particular, de densidad histórica específica que implica pasar del régimen autoritario al inicio de la construcción es único, y me parece que todo gobierno de alternancia tiene dos tareas centrales, que es que no haya sangre, no haya violencia en el tránsito de un gobierno a otro y que no se desestructure la vida institucional del país, me parece que las dos las cumplió muy bien Fox.

 

P- ¿Hay amenazas a la democracia?

RAV- El crimen organizado, el poder de los poderes fácticos en general, pero también veo la de los sindicatos corporativos del viejo régimen que chantajean la vida política del país.

 

P- ¿Por qué el libro “La Diferencia”?, donde habla de decisiones trascendentes del gobierno foxista.

RAV- La gran diferencia es que Fox es producto de una elección y no de una nominación, como ocurrió en el sistema político mexicano que había nominados, con Fox se rompe ese elemento estructural del sistema político mexicano y eso que, parece menor, hace toda la diferencia respecto a lo que constituye la lucha por el poder y la posibilidad de participación de otros actores a la construcción de la vida pública.

 

 

 

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