Ni todos ‘yonkis’, ni todos ‘responsables’

Una de las tantas aristas del problema de las drogas es la criminalización y la marginación de los consumidores “no problemáticos”

Ernesto Aroche Aguilar

Son trabajadores promedio, médicos, ingenieros, vendedores de autos, maestros universitarios. Algunos incluso tienen hijos, otros aún se mantienen en el sistema educativo y presumen maestrías, diplomados y galardones varios, pero todos ellos al igual que cientos o miles más deben ocultar a la sociedad en general y a veces a sus propias familias una de sus aficiones, la más riesgosa de ellas.

“El problema es el mismo siempre”, explica Jorge, médico, especialista en anestesia con más de 45 años encima y un hijo que está por entrar, siguiendo sus pasos, al mundo de la medicina.

“Sí, el problema siempre es el mismo, encontrar un diler confiable que te venda buena mercancía, que no viva en un lugar riesgoso o que no esté quemado, y sobre todo que te asegure que no tendrás problemas con la policía”, explica mientras da una calada más al cigarro y expulsa el humo que de azulado pasa a grisáceo y arrastra consigo las palabras.

El doc, como lo llaman sus amigos, es un consumidor habitual de sustancias ilegales. Le gusta la mariguana, “pero poco”, se mete tachas de vez en vez, cuando ha llegado a sus manos cuadritos de LSD —acido lisérgico— no ha titubeado, pero lo que más le atrae es la cocaína.

“Con el polvo no hay pierde —explica—, casi siempre la puedes conseguir y aunque es una sustancia golosa, después de un rato me irrita la nariz y dejó de meterme pronto, pero me gusta saber que hay más por si me vuelven a dar ganas”.

 Policía contra consumidores

El consumo responsable de drogas existe, siempre ha existido, como existe un consumo no problemático de alcohol, como se puede hablar de una ingesta medicinal de fármacos e incluso de un uso sanitario de las sustancias hoy prohibidas, como la seudoefedrina, la propia mariguana, el MDMA, la hoja de coca y el largo etcétera que compone la lista de sustancias incluidas en la lista “negra” del gobierno federal.

Pero la satanización promovida por autoridades gubernamentales, el uso irresponsable en algunos casos y algunos factores históricos obligan a ese grupo, cada vez más numeroso, de consumidores responsables a esconder y negar su afición, ante el riesgo de sufrir el acoso social y policial y la discriminación social.

La manifestación de 2007 por la legalización de la mariguana, organizada por varias Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) en la ciudad de México estuvo a punto de terminar en una razzia colectiva, cuando arribaron al parque México de la capital mexicana, más de 50 policías protegidos de pies a cabeza y con armas de fuego de alto calibre en las manos

Y aunque la sangre no llegó al río, al menos tres participantes fueron arrestados por la fuerza policial y obligados a pagar una multa.

Ricardo Sala, una de las cabezas visibles del foro “Vive con drogas”, espacio virtual que conjunta consumidores que intercambian información sobre uso médico, lúdico y “enteógeno” (adjetivo que define el uso de sustancias psicoactivas para usos religioso, ritual o místico) de las sustancias ilegales, explica la situación: “hace un año (2006) tuvimos el permiso de la Delegación y la marcha se realizó sin mayor problema, pero luego vino el cambio de funcionarios y no logramos acuerdo alguno y el día del evento, cuando estaba comenzando la reunión, llegaron policías del DF con la intención de apañar gente, amenazaron a los organizadores que si salíamos del espacio del parque habría detenidos”.

Al final, aunque confinados al espacio del parque e imposibilitados a marchar por las calles capitalinas como se ha hecho en otros años, la celebración y festividad se llevaron a cabo involucrando a “chicos y chicas de todas las edades, desde los seis meses hasta señores ya bien curtidos y añejos como los buenos vinos. Muy a pesar de los tiras que se quedaron apostados en los linderos del parque y terminaron apañando gente”.

Esto ya no ocurrió este año, pero el antecedente queda

 

Consumo no siempre es igual a adicción

Fade in

En un salón de clase un joven ve a su compañera sangrar por la nariz. La historia arranca. A través de una rápida edición vemos a la joven esnifar cocaína junto con algunos jóvenes más. Los cortes nos llevan de esa noche a otra. Y luego a otra. La vertiginosa narración nos enseña como roban dinero de la bolsa de la madre de alguno de ellos para comprar más droga. Un nuevo corte y ahora los vemos participando en un asalto a mano armada. En un giro final la cámara regresa al salón de clases donde la joven sangra. Nada de lo que hemos visto a pasado, pero se sugiere que podría pasar. La pantalla se va a blancos y aparece el logo de la campaña Vive sin Drogas. Se suma el logo de TV Azteca.

Fade out

No todas las personas que consumen drogas se vuelven adictas, en el caso de los jóvenes la mayoría se queda como consumidor experimental, reconoce Guillermina Natera, coordinadora del Área de Investigaciones Psicosociales del Instituto Nacional de Psiquiatría en una entrevista publicada en días pasados en un diario de circulación nacional.

Y los datos oficiales lo confirman, la última Encuesta Nacional de Adicciones (ENA), que data de 2002, señala que hasta ese año 3.5 millones de personas entre los 12 y los 65 años (es decir casi 70 millones de personas) habían consumido alguna sustancia ilegal en algún momento de su vida, de los cuales sólo 570 mil –menos de un punto porcentual de ese universo– lo habrían hecho en los 30 días previos a la encuesta.

De estos 3.5 millones, el 51 por ciento, es decir un millón 800 mil, se ubica entre los 18 y los 35 años de edad, y aunque se reporta que el 6 por ciento de los consumidores tiene entre 12 y 17 años de edad, “la media de edad de inicio para inhalables, mariguana y estimulantes tipo anfetamínico es similar: 18 años; la cocaína se eleva a los 22 años y los alucinógenos tienen un inicio más tardío, en promedio 25 años””.

Los problemas derivados del consumo, según se reconoce en el documento, son muy bajos, apenas el 0.4 por ciento del total de la población entrevistada reportó al menos tres síntomas o más de dependencia.

Los datos del Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones (SISVEA) refuerzan la idea de que ser consumidor no necesariamente implica una dependencia de las sustancias ilegales. En 2006 fueron atendidos 58 mil 198 casos de consumidores entre los Centros de Integración Juvenil (CIJ) y los centros de atención particulares, es decir apenas el 1.6 por ciento de los 3.5 millones de consumidores reportados en 2002 por la ENA, de estos el 80 por ciento de los casos fue diagnosticado como dependiente, sea funcional o disfuncional.

Además se observa una disminución en los problemas derivados del consumo de sustancias ilegales, en algunos casos cercana al 50 por ciento, como en el caso de los inhalantes que pasó del 0.80 por ciento, como prevalencia de consumo “alguna vez en la vida” en el contexto nacional a 0.45 por ciento. La mariguana por su parte cayó de 4.70 por ciento en 1998 a 3.48 para el 2002, mientras que la cocaína, la que menor reducción presentó cayó de 1.45 a 1.23 por ciento en esos cuatro años.

 Malas per se

 

A pesar de todo ello, existe la idea extendida en la sociedad de que el consumo de drogas ilegales condiciona la adicción per se y se condena de facto a la sustancias (ver video) y, por supuesto, a sus usuarios.

Para José Antonio Vicuña, psiquiatra del Centro de Integración Juvenil (CIJ) de Puebla, no hay duda de que las drogas, sean legales o ilegales, son “malas por naturaleza y no hay droga buena, cualquier droga va a causar un daño en el cuerpo con una repercusión que puede ir de lo legal a lo laboral, pasando por lo escolar o familiar”.

Una de las ideas más arraigadas en el colectivo social es que la adicción representa un signo de debilidad de quien la padece, situación que se agrava cuando se habla de sustancias ilegales, lo que origina un fuerte rechazo hacia la persona adicta o dependiente de ese tipo de sustancias. Entre los antivalores que nuclea esta construcción o imaginario colectivo se encuentran la marginalidad, la peligrosidad, el carácter de vagos o vividores de las personas adictas, su improductividad social, su imposibilidad de llevar a cabo algún proyecto y un alto riesgo con respecto al VIH/sida, entre otros.

Carlos, profesionista con estudios universitarios que puede ser calificado de exitoso en su ramo, eso lo tiene muy claro: a sus 30 años aún se niega a hablar de su gusto por las drogas en su familia, a pesar de que sus padres son a su vez también profesionistas  universitarios.

“¿Cómo podría hacerlo? —pregunta— mi padre siempre usa la palabra ‘mariguano’ para referirse a alguien despectivamente. Incluso algunos de mis amigos grandes bebedores de alcohol, borrachos pues, que se indignaban cuando me negaba a chupar como loco con ellos, y no dejaban de recriminarme que prefiriera un churro o una tacha a una cuba”.

La perspectiva social de que los consumidores de drogas son un problema para la sociedad se vive en todos los ámbitos, sin importar el nivel social o educativo. Javier, médico urgenciológo que ha prestado sus servicios lo mismo en Puebla que en San Luis Potosí y ha pasado por hospitales públicos y por instituciones privadas lo reconoce.

“Nosotros estamos obligados, por ética y por compromiso a atender a cualquiera, pero me ha tocado observar cómo cambia la actitud de los compañeros cuando se comprueba que el paciente viene bien ‘pasado’, los regañan, se vuelven más duros a la hora del servicio. No se le niega la atención, sería absurdo, pero hay en el aire cierta idea de que se merecen lo que les pueda haber pasado, y eso no cambia ni en Puebla ni acá en San Luis”.

A nivel discursivo, la Norma Oficial Mexicana —NOM 028 SSA2-1999— creada para establecer los parámetros para la prevención, tratamiento y control de las adicciones no distingue entre uso y abuso y establece el mismo patrón para los dos conceptos: “El uso y abuso de sustancias psicoactivas conlleva a la aparición de problemas psicosociales y psiquiátricos, enfermedades de transmisión sexual, criminalidad, lesiones por causa externa, alteraciones en la gestación (retraso en el crecimiento intrauterino, abortos, parto pretérmino y muerte fetal, entre otros), síndrome de abstinencia en el neonato, cambios a nivel neuronal y muerte súbita, entre otros”.

Es clara, pues, la discriminación que vive el consumidor, entendida ésta como una segregación social provocada por su interés y gusto por el uso de sustancias consideradas ilegales, o ilegalizadas por la autoridad correspondiente, para fines diversos, que van de lo lúdico a lo introspectivo, de conocimiento y autorreferencia, pero no limitado a esos conceptos, como bien apunta Ricardo Sala.

***

“Empecé a meterme drogas a los 18 años, cuando llegó a mis manos una traca. Antes de eso sólo cigarro y mucho café, bebía pero no mucho, de hecho el alcohol ni me gustaba, si me tomaba unas chelas, pero más por onda que porque de verdad me latiera.

“¡La primera vez fue pocamadre!, sentía una alegría enorme, veía visuales, patrones de colores, así como unas sensaciones diferentes de lo visual, y si como una conexión con el cosmos, como si hubiera menos barreras entre lo físico y lo mental. Como si se abrieran y conectaran sentidos que normalmente no se agudizan.

“Lo que más he consumido es mota, me meto de todo, pero como dice Savater cada quién debe tener claro cuál es su sustancia de embriaguez. Yo tengo claro que la mota es una de las sustancias con las que me siento más cómoda, pero también me gustan mucho las tachas, y me he metido un buen, es de lo que más he consumido.

“Este es un tema en el que tienes que ser como discreto, no es algo que vas a hablar con cualquiera. En cuanto a amistades no he tenido pedos porque siempre he encontrado gente así, que consume drogas. Lo que si me gustaría, en algún momento, es poder decirle a mis padres que fumo regularmente mariguana, y no es algo que me ahora afecte emocionalmente, ni malo o negativo necesariamente.

“Mira, jamás he faltado al trabajo por estarme metiendo algo ilegal. Pero sí he tenido algunos problemas con el consumo… bueno, más que con las drogas era una depresión muy fuerte que traía, y que con las drogas se hizo más fuerte, y ahí sí creo que hubo un poco de abuso de mi parte. Era algo que ya traía y las drogas magnificaron. Ahí si tuve que estar como unos cinco años sin meterme nada, bueno alcohol sí. Estuve un año en tratamiento con antidepresivos, vamos que cambié las drogas ilegales para consumir las drogas legales, todo un año y sí está de la verga, francamente.

“En algún momento mi vida sí empezó a girar en torno a las drogas, pero esa fue la lección que me quedó. Es algo que me gusta y me gusta un chingo, pero hay que llevarlo con cierto tiento, puede ser muy fácil el enganche, pero también se puede llevar un consumo regular sin que genere broncas. Ahora lo veo sólo como un elemento de recreación”.

B. profesora universitaria y diseñadora. 30 años.

 ***

Conceptos diferentes

Antonio Escohotado, uno de los investigadores e historiadores más reconocidos en el campo que sostiene un punto de vista favorable a la despenalización y al cambio de paradigmas en el tema explica: “Las drogas lo que hacen es inducir modificaciones químicas que también pueden inducir la soledad, el silencio, la abstinencia, el dolor, el miedo. Químicamente no se puede distinguir a una persona bajo los efectos de una droga, que bajo los efectos del yoga por ejemplo. Químicamente no somos más que un conjunto de reacciones. Lo que pasa es que la sociedad, te dice que, aunque químicamente seas igual, ese ha llegado por el camino bueno y ese por la vía de atrás”.

En entrevista, publicada en su página web, el autor de Historia general de las drogas asegura: “La cruzada contra las drogas ha tenido y tiene el mismo efecto que la cruzada contra las brujas: exacerbar hasta extremos inauditos un supuesto mal, justificando el sádico exterminio y el expolio de innumerables personas, así como el enriquecimiento de inquisidores corruptos y un próspero mercado negro de lo prohibido, que en el siglo XVI era de ungüentos brujeriles y hoy es de heroína o cocaína. No quebrantaremos el círculo vicioso de la cruzada sin sustituir las pautas de barbarie oscurantista por un principio de ilustración”.

Salas, quien también encabeza la asociación Convivencia y Espacio Público AC,  organización “destinada a lograr espacios públicos menos violentos y más convivenciales”, apunta por su parte que la negativa imagen social que rodea a los consumidores si bien no ha sido generada por el gobierno ha sido aprovechada en la llamada “Guerra contra las drogas” que, como sostuvo el presidente Calderón hace unos meses, nos costará más sangre y dinero aún. Y ese dinero y esa sangre ya han corrido por todos lados desde entonces.

“Si el origen ‘del mal’ está en la sociedad, es ahí donde debe comenzarse con el cambio, apostando por revolucionar la percepción negativa, por introducir nuevos conceptos en el discurso público, que no es potestad del gobierno federal, y apostando por la información”. (ver video con opiniones de Escohotado y otras figuras públicas españolas sobre el tema:

 

 

 Fox boicotea la posibilidad del reconocimiento, la moneda sigue en el aire

El 5 de mayo de 2007 la Asociación Mexicana de Estudios sobre Cannabis (Ameca), informaba en un apartado de su página web que “los consumidores de cannabis, siguen corriendo un riesgo enorme de ser confundidos con criminales”, lo anterior en relación con las recientes reformas a la Ley General de Salud, al Código Penal Federal y al Código General de Procedimientos Penales que remediaba la laguna legal sobre posesión y consumo que criminaliza a los consumidores, pero al final fueron rechazadas por el ex-presidente Vicente Fox.

Las modificaciones reconocían la existencia de consumidores como ciudadanos y no como criminales al permitir la posesión de cantidades “máximas” —5 gramos de marihuana, medio gramo de cocaína, entre otras—, de las sustancias prohibidas, pero el veto presidencial, provocado entre otras cosas por presiones estadunidenses, echó por tierra la propuesta legislativa.

“En México existen millones de consumidores de cannabis y sin embargo muy pocos abusan de ella. Estos usuarios no se distinguen de otros ciudadanos y, como la mayoría de los mexicanos son pacíficos y responsables que trabajan duro, que atienden a sus familias, que pagan sus contribuciones, ayudan a sus comunidades y desean vivir en un ambiente armónico y libre de criminalidad. El uso recreativo responsable de cannabis no causa daños a la sociedad”, sostiene la asociación en su sitio web.

“El único avance de las reformas propuestas era el reconocimiento del consumidor como una persona con derechos y no como un criminal. En torno a la  cannabis queda mucho por legislar, sus aplicaciones terapéuticas cotidianas en otros países y documentadas hace miles de años, son otro pendiente de nuestra sociedad”.

La nueva iniciativa ya está en el Congreso, fue presentada por la Diputada Rosa Elia Romero Guzman del Partido del Trabajo desde el pasado 2 de mayo de 2008 que busca otorgar cierta certeza jurídica al uso médico e industrial de la canabis y a algunos tipos de usos recreativos con vigilancia médica y psicológica. Pero el tema aún tendra que debatirse y discutirse ampliamente.

Información para el cambio

Nuria Calzada y Eduardo Hidalgo viven en España, y desde ahí dirigen en diferentes niveles la asociación no gubernamental Energy Control, dedicada a la reducción de riesgos en el consumo de drogas en espacios recreativos.

Para Eduardo la justificación de su trabajo “se plantea fundamentalmente en términos de salud pública, en el sentido que, desde un punto de vista sanitario, trabajar sólo con el objetivo de la abstinencia es contraproducente (además de cuestionable desde un punto de vista moral e incluso legal) en cuanto que supone dejar fuera de la red asistencial a todas aquellas personas que han decidido consumir drogas y no quieren o no pueden dejar de hacerlo”.

“No obstante, más allá de la salud, nuestro discurso toma igualmente en consideración los derechos individuales, respetando la libertad y capacidad de decisión de cada cual para tomar o dejar de tomar esta o aquella sustancia”.

Por ello asumen que la relación entre la sociedad y las drogas no está limitada sólo al arbitrio del gobierno, por ello apuestan por la información para la transformación de esta, pues como señala Nuria han “constatado, y así nos lo han manifestado personas que en algún momento de sus vidas habían vivido situaciones críticas, que muchos de los problemas que se han presentado en relación al consumo de drogas, se podrían haber evitado o, por lo menos, reducido su aparición con un trabajo previo informativo y de asesoramiento adecuado”.

Y explica: “lo que nos preocupa es que los adolescentes, los jóvenes y no tan jóvenes experimenten, sientan, se diviertan, se equivoquen, aprendan,…tomen o no drogas, y lleguen a ser adultos con capacidad para decidir de forma autónoma y libre”.

Entrevistada vía correo electrónico para Nuria es concluyente: “Sea como fuere, debemos trabajar más la sensibilización de la sociedad desde el propio gobierno y especialmente a través de los medios de comunicación para promover una visión más objetiva y ajustada a la realidad, que huya tanto de paternalismos como de la banalización del consumo”.

 

***

– ¿Porqué tardaste tanto? –pregunta Jorge al diler. El vendedor no tiene nombre, como tampoco lo tiene el comprador, en una transacción de ese tipo lo mejor es no saber nada. En su teléfono celular, Jorge lo tiene registrado como diler, así, a secas.

–La zona está muy caliente –explica el tipo al tiempo que voltea para todos lados e invita a Jorge a entrar al auto.

–Sí –concede el anestesiólogo que vio pasar a por lo menos tres patrullas frente a su casa– Es quincena y ya sabes cómo se ponen los perros.

–Son dos las que quieres, ¿verdad? –pregunta el diler mientras rebusca en la guantera de donde extrae dos bolsitas con polvo blanco y coloca sobre la tapa. Jorge ya conoce el procedimiento, las toma y deja ahí el dinero.

Sí, comenta una vez fuera del vehículo mientras se aleja, el problema siempre es el mismo, encontrar un diler confiable. ♣

Para recomendaciones para un consumo “responsable” y reducir riesgo ver la página de Energy Control

 

“Trabajamos desde una visión de salud y no paternalista, porque no criminalizamos a los jóvenes”: Energy Control

  •  Entrevista completa con Nuria Calzada, coordinadora estatal de Energy Control

Formada en 1998, Energy Control, es una ONG que apuesta y busca la prevención en el consumo a través de la información para la reducción de riesgos. Nuria Calzada, la coordinadora estatal de ese organismo, que tiene oficinas en Cataluña, Valencia, Andalucía, las islas Baleares y Madrid, lo explica así

“Trabajamos desde una visión de salud y no paternalista, porque no criminalizamos a los jóvenes. Ésa es la razón por la que confían en nosotros”.  Y su trabajo los ha llevado a detectar rápidamente pastillas o sustancias adulteradas, como sucedió en julio de 2005  cuando comenzó a circular en las fiestas electrónicas pastillas de metaclorofenilpiperazina o, mejor conocida como m-CPP, eliminando con ello el riesgo que conlleva el consumo de sustancias desconocidas.

¿Nuria, existe, sienten o se observa una discriminación o estigmatización de los consumidores de sustancias ilegales por parte de la generalidad social?

–A grandes rasgos, sí. El consumo de drogas es visto de forma negativa por la sociedad en general, sobretodo cuando hablamos de drogas ilegales, mientras que su visión de los fumadores o bebedores de alcohol no es visto como algo reprochable o, por lo menos, no en el mismo grado e intensidad. Si bien es cierto que se da cierta tolerancia social hacia el consumo de cannabis que, a pesar de ser ilegal, se concibe como una droga menos peligrosa y dañina que el resto.

“Cabe decir, los años 80 fueron tiempos de los radicales urbanos, del consumo de cannabis y cerveza y de una epidemia de consumo de heroína que dejó un panorama desolador en la juventud española. Se dio un proceso de alarma social y de construcción de ‘el problema de las drogas’, percepción todavía hoy muy presente en la sociedad. Emergió el concepto de ‘drogadicto’, como consumidor vinculado a todo un proceso de conflicto social, dificultades escolares, familiares, laborales y de marginalización en el consumo. Se presentaron problemas tanto de orden público como de salud, entre otros muchos, traducidos en altos índices de delincuencia y alta tasa de mortalidad en la población consumidora asociados al SIDA y la hepatitis. 

“Las últimas décadas han supuesto un cambio tanto en la sustancia consumida y la vía de administración (rechazo al consumo de heroína y la imagen del ‘yonki’), como en los patrones de uso, que han pasado a ser consumos ligados a la fiesta y el tiempo libre en jóvenes integrados socialmente. Por lo tanto, el consumo presente en la juventud actual no puede analizarse desde los datos y vivencias que tenemos de las personas con graves problemas de heroína a las que en las tres últimas décadas hemos asistido aunque la visión de ‘la droga’ de los años 80 permanece en la actualidad”.

¿Limita su acceso a fuentes de trabajo no relacionadas con áreas de seguridad su preferencia de consumo, vamos que si es costumbre extendida la aplicación de análisis para descartar el uso de drogas como parte del proceso de selección de personal?

–No, no es frecuente la aplicación de análisis para detectar la presencia de drogas en sangre u orina como parte del proceso de selección de personal, a excepción de cuerpos policiales y de seguridad, cuerpo de bomberos, pilotos de avión, … Y de hecho, es una práctica no legal.

“En España el consumo de drogas no es delito, es decir, que la ley reconoce el derecho de una persona adulta a tomar drogas, en un espacio privado. Sin embargo, sí está sancionado (no penalizado) la tenencia y/o el consumo en vía pública. La práctica de análisis para la detección de drogas aunque se da en algunos casos, no es legal. En primer lugar, el trabajador debe ser avisado de que estas pruebas se llevarán a cabo y éste dar su consentimiento. En caso contrario, se viola el derecho a la intimidad que todo ciudadano posee”.

¿Sobre qué bases parten para justificar su trabajo, es decir, se apoyan en derechos inherentes al ser humano o declarados, para el consumo y la reducción de riesgos que ello implica?

–Nuestro trabajo surge a partir de la evidencia real de la existencia de un consumo de drogas de tipo lúdico asociado principalmente al fin de semana y de una falta de información con relación a las sustancias (efectos positivos/negativos, composición,…) y en concreto, a información orientada a un uso responsable que trate de evitar o reducir la aparición de efectos adversos en personas consumidoras.

“También partimos del hecho que no todas las drogas son iguales y que se dan usos y formas de relacionarse con las drogas muy dispares que pueden situarse en un continuum desde el ‘no consumo’ hasta la instauración de un ‘consumo problemático’, siendo un pequeño porcentaje los que se situarían en este último grupo y los que tendrían contacto con la red asistencial. Desde esta perspectiva, entendemos que la prevención debe dirigir su intervención a lo largo del continuum, esto es, debe dar cobertura también a las necesidades de aquellas personas que consumen de forma esporádica, los que lo hacen de forma ocasional o habitual, ofreciéndoles pautas de reflexión sobre actitudes y posiciones críticas ante las drogas así como guías de uso en cuanto a dosificación, mezclas, composición, signos de alerta, cómo actuar en caso de urgencia, efectos buscados, secundarios, a largo plazo, medidas de autoprotección,…

“Hemos constatado, y así nos lo han manifestado personas que en algún momento de sus vidas habían vivido situaciones críticas, que muchos de los problemas que se han presentado en relación al consumo de drogas, se podrían haber evitado o, por lo menos, reducido su aparición con un trabajo previo informativo y de asesoramiento adecuado.

“En definitiva, lo que nos preocupa es que los adolescentes, los jóvenes y no tan jóvenes experimenten, sientan, se diviertan, se equivoquen, aprendan,…tomen o no drogas, y lleguen a ser adultos con capacidad para decidir de forma autónoma y libre”.

¿Han tenido problemas de carácter legal, judicial o social, en el presente y en el pasado, por su actividad de promoción a la reducción de riesgo en el consumo de sustancias?

–No. En 10 años que llevamos trabajando en el ámbito del ocio, los jóvenes y las drogas no hemos tenido problemas de tipo legal o judicial. Sin embargo, excepcionalmente nos encontramos con reticencias procedentes de sectores más conservadores, seguramente los mismos que siguen pensando que dar acceso a preservativos o a material de inyección esterilizado es facilitar las relaciones sexuales o el consumo de drogas vía intravenosa respectivamente.

“Sea como fuere, debemos trabajar más la sensibilización de la sociedad desde el propio gobierno y especialmente a través de los medios de comunicación para promover una visión más objetiva y ajustada a la realidad, que huya tanto de paternalismos como de la banalización del consumo”.

¿Tienen contabilizado o al menos un estimado de cuantos consumidores hay en el país y en qué porcentaje estos llegan a generar un problema (social, familiar, etc)?

–En España, el Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad  es el organismo encargado de generar información acerca de la situación de consumo en nuestro país emitiendo informes de forma regular mediante encuestas en la población escolar y encuestas domiciliarias. Hay que tener en cuenta que este tipo de estimaciones no dejan de ser aproximaciones y extrapolaciones a partir de datos obtenidos, pero que en ningún caso aportan cifras reales sobre el número de consumidores. La propia naturaleza del objeto de estudio, siendo un tema peliagudo y estigmatizado, refuerza la dificultad de obtener datos reales. Estas cifras nos son útiles para establecer tendencias a lo largo de los años dentro de un mismo país, pero no como un mapa fiel de la situación de consumo en un momento puntual.

“En cualquier caso, Según algunas fuentes y a partir de nuestra experiencia con consumidores de tipo recreativo, alrededor del 50% de las personas que prueban una droga no la vuelven a consumir, mientras que el resto realizarán consumos ocasionales, habituales o problemáticos. Se estima que menos del 10% de las personas consumidoras acabarán teniendo problemas de tipo sanitario, social o legal, es decir, que tendrán contactos con servicios de urgencias o servicios de atención a las drogodependencias por ejemplo. El resto, serán personas que durante su adolescencia y juventud realizarán consumos de una o varias sustancias y que, tanto las salidas de fiesta como el consumo de drogas descenderá de forma proporcional con la adquisición y aumento de responsabilidades (trabajo, pareja, facturas, hijos,…)”.

¿Existe un perfil para los consumidores problema y otro para los consumidores responsables?

–No hablaríamos de “consumidores problemáticos” o “consumidores responsables”, sino más bien de “consumos problemáticos o responsables”. Las personas usuarias de drogas a menudo experimentan, realizan consumos ocasionales o habituales de una u otra sustancia, o de varias. Es frecuente que una misma persona transite de un estadio a otro a lo largo de su vida, que se equivoque y aprenda de los errores y que acabe tomando decisiones respecto a su consumo más razonadas y responsables fruto de su relación y experiencia previa con las drogas.

“A grandes rasgos, los más jóvenes se inician en el consumo como una manera de transgredir, de experimentar, de acceder a lo prohibido, de compartir con el grupo, de descontrolar, de obtener placer, de conocer sus límites,.. Para los más jóvenes consumir drogas puede percibirse como una experiencia transgresora, placentera, arriesgada, desconocida, adulta, atractiva, peligrosa,.. Además, el ocio y la fiesta adquieren un peso importante como espacio de relación y construcción de la identidad. A medida que aumenta la edad y las experiencias en el consumo, va desapareciendo la sensación de trasgresión, el interés por conocer lo desconocido y la atracción por lo prohibido, se desarrolla un conocimiento basado -en gran medida pero no exclusivamente- en la experiencia propia o personas cercanas sobre cómo utilizarlas de manera más segura (medidas de autoprotección a aplicar), asumiendo una actitud de mayor prudencia y responsabilidad. Si a esto le añadimos que a medida que nos hacemos adultos, se presentan nuevas oportunidades, se crean nuevos intereses, aparecen nuevas formas de ocio y se van adoptando responsabilidades propias de la vida adulta (independencia económica, vivienda propia, compromiso familiar, necesidades básicas,…) se hace patente un descenso claro de las salidas nocturnas y del consumo de drogas.

“Se da pues, una clara diferencia entre los más jóvenes y los no tan jóvenes en relación al modo de consumo (dosis, frecuencia de uso) y a la actitud ante el consumo (insolencia y descontrol vs prudencia y moderación).

¿Es un problema la cercanía de países como Holanda en donde el consumo es legal?

–Cabe matizar que en Holanda únicamente está regulado el consumo de cannabis pero no del resto de drogas. Cuando hablamos de “regulación” nos referimos a que es el gobierno el encargado de producir, almacenar, distribuir y gestionar el mercado del cánnabis. A pesar de que desde los años 80 los holandeses pueden adquirir legalmente cannabis en los populares coffe shops, la regulación del mercado supone el establecimiento de ciertas normas que no están presentes en países con políticas represivas: a partir de qué edad se puede adquirir, dónde, en qué horarios, qué cantidades,… Es decir, que existen unos límites claros y definidos exentos en países como España, donde hay una disponibilidad de cánnabis en la calle y los menores pueden acceder con facilidad.

“En un estudio publicado en 2004 en el American Journal of Public Health se compararon dos muestras de población de 5.000 personas de dos ciudades de características similares pero con políticas de control sobre el cannabis muy diferentes: Amsterdam y San Francisco. Los resultados mostraron que existía tres veces más consumo en la ciudad americana respecto la población que ha consumido más de 25 veces y que el perfil de usuarios no es diferente ni relación al momento de iniciarse en el consumo ni en el patrón de consumo posterior. En definitiva, los resultados muestran que la criminalización no reduce el consumo de cannabis, como tampoco una regulación como la holandesa lo hace incrementar. Sin embargo, cabe destacar que las incidencias en costes económicos y especialmente sobre las personas relacionadas con el consumo de drogas que supone un modelo represivo como el de Estados Unidos es muy diferente al de Holanda.

“Independientemente de la cercanía o no de un país como Holanda, es positivo que existan diferentes modelos políticos sobre drogas a nivel de países o regiones para poder efectuar comparaciones entre éstos, resultando absurdo y poco eficaz someter a todos los países a seguir unos convenios internacionales. Se hace cada vez más patente la necesidad de evaluar en términos reales y globales los costes derivados de la aplicación de las políticas represivas sobre drogas que, tal y como venimos observando en las últimas décadas, a menudo ha conllevado la aparición de un mayor número de problemas asociados al consumo de drogas de los que inicialmente quería prevenir. Si queremos seguir avanzando hacia nuevos modelos, los gobiernos deben plantearse seriamente un cambio real en las políticas de drogas desarrollando enfoques y estrategias adaptadas a una sociedad propia del siglo XXI”.

 Las fotos para ilustrar este reportaje fueron tomadas del foro LaMariguana.com y corresponden a la marcha por la legalización de la hierba en mayo de 2008

Anuncios

3 Respuestas a “Ni todos ‘yonkis’, ni todos ‘responsables’

  1. Es un tema diferente,muy interesante.

  2. Legalización pero que ya. No hacemos demasiado daño con las drogas. Hacemos más daño traficándolas que al tomarlas.

  3. Fabuloso post, sobre una gran verdad. Existe un gran número de consumidores responsables, que son criminalizados y estigmatizados moralmente.

    No se “si salir del armario del consumo de drogas”, siriviría de algo, para que todos vivamos con cierta normalidad.

    un saludo y felicidades.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s