Psicoanálisis: ¿un acto de fe u otra forma de mirar el arte?

El psicoanálisis no se reduce a una terapia dentro de un consultorio. Puede ser también un instrumento para crítica social e, incluso, una aproximación distinta a las obras que a diario se contemplan en un museo

Por: Ma. Teresa Hernández Reyes

Freud es casi un mito. Sí, su pensamiento se ha transformado en relación a lo que originalmente fue. Sexo y enfermedades mentales que pueden tratarse con un terapeuta, son lo que comúnmente se relaciona a su legado. Los textos freudianos demuestran que sus ideas representan un medio para mirar críticamente a la sociedad, aunque también han sido rechazados por no ajustarse a un método científico y relacionarse a temáticas como el deseo o el sufrimiento.


El psicoanálisis es casi un mito. Sí, se ha reducido a una interpretación rígida de todo lo que le rodea. Sin embargo, éste también se ha convertido en un fenómeno social. Aún cuando existen posturas que lo rechazan abiertamente por no tratarse de una ciencia comprobable, esta disciplina no sólo es una terapia para tratar una patología, sino una forma de comprensión distinta a lo que las instituciones más reconocidas de la sociedad establecen.

Hablar de arte es casi un mito. Sí, es casi como hablar de psicoanálisis. Qué es arte y qué no lo es no sólo es tema de un interminable debate entre historiadores y críticos, sino que siempre ha constituido una preocupación para el hombre. Como mencionó Viktor Frankl en su famoso libro, El hombre en busca de sentido, el ser humano siempre intenta dar un sentido a su vida . Quizás a ello se deba la necesidad de interpretar las obras. Por lo mismo, hoy en día existen textos que van desde análisis sobre las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira, hasta reflexiones sobre los performances más actuales, como en el caso de Joseph Beuys.

La presencia del psicoanálisis en el arte no es un mito. Es un modo distinto de provocar un acercamiento entre el espectador y la obra; de que el público entre en juego, de manera individual, con una experiencia que puede ser generada por una exposición y la forma en que se presentan las obras en un museo. No es una interpretación del artista como un loco o un perverso. Es otra manera de mirar lo que las metodologías convencionales no toman en cuenta con respecto las obras y, por ende, a uno mismo.

Pero ¿cómo trasladar todo esto a la realidad de la vida cotidiana? ¿Cómo hacer del psicoanálisis algo factible para el arte? ¿Cómo crear una nueva relación entre el espectador y la obra por medio de esta disciplina? La respuesta es muy simple: llevarlo hasta los museos.

“La auténtica obra de arte reside en la transformación de la conciencia del espectador”
Joseph Beuys

El universo de los museos


Museos por aquí y museos por allá. En el Distrito Federal existen más de 40 museos que, prácticamente diario, abren sus puertas al público. Algunos cobran la entrada, algunos no. Algunos tienen una austera estructura y otros, como el Nómada, son inaugurados con”bombo y platillo” por “grandes personalidades” como “Chabelo” o “Lucerito”.
Muchas veces uno ni siquiera se fija en el nombre pero entra para anotar todo lo escrito en las cédulas con el fin de cumplir con una tarea o platicarle a alguien la diversa “cultura” que se tiene. Pero ¿qué es realmente un museo?

De acuerdo a lo publicado en el Diario Oficial de la Federación, la misión de un museo es conservar, investigar, proteger y difundir el patrimonio nacional. Hay varias maneras de clasificar los museos. Esto permite comprender sus actividades y establecer sus objetivos. Existen museos de arte, de antropología, de ciencias y generales. Asimismo cada uno, está conformado por tres partes fundamentales: curaduría, museografía y servicios educativos. Cada una de estas áreas, deberá contribuir a lograr el objetivo que tenga cada exposición.

Por ejemplo, de acuerdo al libro Los Museos, de Rodrigo Witker, experto en planeación y producción de proyectos museográficos y docencia museológica, visitar las salas de una exposición muchas veces resulta insuficiente para que los espectadores tengan un buen nivel de comprensión e interpretación. Por lo mismo, varios museos cuentan con áreas de servicios educativos para que un mayor número de personas tenga un acercamiento a la exhibición y no sólo visitantes más conocedores o expertos en los temas tratados. Con esto, el museo pretende que la visita de sus públicos resulte una experiencia completa y que, aunque responda a las expectativas de los visitantes, también genere cuestionamientos en ellos.

Finalmente, el texto de Witker señala que, hoy día, un museo debería de ser una institución preocupada por ofrecer cultura y ser competente en relación a nuevas alternativas de lenguaje y comunicación para transformarse así en un promotor activo de la cultura que no genere sólo públicos pasivos ante la contemplación de lo cotidiano.

¿Qué es la curaduría?


Comúnmente se cree que un curador es aquél que decide lo que se considera arte o no (aunque también hay uno que otro despistado que relaciona esta profesión a alguien que “cure” una enfermedad… ). No obstante, éste en realidad es un experto en un área determinada, no necesariamente de artes pláticas, que tiene acceso a colecciones y obras y que se encarga de dar un orden lógico a una exposición para que su contenido pueda llegar al espectador.

En una entrevista recientemente realizada a Luís González, historiador del arte y profesor de la Universidad Iberoamericana (UIA), éste refiere: “La curaduría es una disciplina relacionada con el montaje de exposiciones. No sólo en museos. Implica un dominio de un tema relacionado a una colección. Tiene que ver con historias particulares de las obras y cómo se relacionan entre sí”.

Sin embargo, un curador no se encarga de montar la muestra ni de diseñar el espacio físico que ocupará. Esta es una labor del museógrafo. En realidad, la tarea de la curaduría, es armar un guión museológico o una especie de guía para dar una secuencia y una explicación que de sentido a la exposición al momento en que el público la contemple.

Para interpretar una obra

Pinturas, películas, novelas, poemas…da igual. Así como hay personas que llevan una vida intentando leer y comprender El Quijote, existen otros que sólo suspiran cuando llevan más de una hora viendo un filme del reconocido Ingmar Bergman.

Pero, en pocas palabras, esto se debe a que, continuamente, el ser humano busca comprender todo aquello que lo rodea. Más aún cuando se enfrenta a una obra de arte. Le parezca compleja o no, lo cierto es que busca encontrar algún sentido que le permita tener un mayor acercamiento a ésta. Basta con entrar a un museo y mirar alrededor. Aún cuando muchas personas pasan frente a las obras tras mirarlas de reojo, también hay quienes se detienen y las contemplan durante varios minutos intentando pensar qué es lo que quiso decir el artista.

En una agradable y extensa plática con José Luis Barrios, filósofo, curador y académico de la UIA, éste mencionó que hay muchas formas de interpretar una obra de arte. Sin embargo, en la obra plástica, la interpretación es prácticamente una condición: “es una forma de construir un sentido que no tiene que ver con la palabra sino con la materia”. Es decir, una obra se compone de objetos que no expresan algo por sí solos y es por eso que, como espectador, se busca interpretarlos. Sí, pueden ser desde los relojes blandos de Dalí, hasta las manzanas de Martha Chapa.

Este es el punto de partida para luego interpretar los aspectos históricos o lo estéticos que cada objeto presente en la obra tiene dentro de sí. De acuerdo a Barrios, la interpretación “tiene que ver con el objeto en la obra y no con su contexto. Tiene que ver con lo que el objeto puede preguntar al público”.
Asimismo, es importante distinguir una descripción de una interpretación. Sí, porque no es lo mismo leer lo que escribe un crítico de arte en una revista especializada, a las explicaciones que intentan dar algunos libros ilustrados que venden afuera de los museos. La primera es un primer elemento indispensable para poder hacer una interpretación y tiene que ver con plasmar de manera objetiva algo que ya está en la obra. Por ejemplo, evidenciar los colores, personajes o técnicas presentes en una pintura. Sin embargo, según José Luis Barrios, la interpretación tiene que ver con producir sentido y siempre implica que exista una relación entre la obra y su público. El sentido tiene que ver con que ver con la manera en que los objetos que componen una obra plantean preguntas a su audiencia y cómo ésta las responde con su propia interpretación.

¿Quién interpreta una obra?


¡Todo el que la contempla! ¡Claro! No sólo el espectador común que asiste a un museo, sino toda persona que está frente a una obra. Es decir, de acuerdo a Barrios, incluso el crítico de arte y el curador empezaron como un público que vivió una experiencia personal. Sin embargo, a diferencia del público en general, éstos tienen una percepción sistematizada que les permite ser conscientes de su propia vivencia para así profundizar en ella y llevarla hasta el resto de las personas.

Aunque ambos tienen gran influencia en la audiencia de una exposición, esto no significa que impongan una experiencia generalizada. Sí, porque todos viven el amor, la felicidad, el odio, el terror, el sufrimiento o la angustia de manera distinta. En este sentido, lo que hacen es simplemente profundizar en aquella sensación que se desea comunicar aunque lo hagan desde distintos puntos de vista y con diferentes herramientas. Ambos crean un discurso. Como comenta José Luis Barrios, “la diferencia es que el crítico lo forma en términos de una narrativa a través del lenguaje mientras que el curador lo hace en términos de un despliegue en el espacio”. Es decir, el primero se relaciona más a una reflexión provocada a través de la escritura y el segundo a una transformación en la sensibilidad que pueden ser alcanzada por la manera en que las obras se distribuyen dentro de un museo.

Entonces, lo que el curador hace es proponer un modo de interpretación para las personas que contemplan las obras. Éstas propuestas no son “verdaderas” o “falsas”; “buenas” o “malas”. Lo esencial es que el curador sugiera una forma de aproximarse a la obra pero partiendo de la idea de que cada persona hará su propia lectura de ésta y vivirá esa experiencia de manera individual. Para ello, Barrios señala que no es importante conocer al artista porque éste no explicará la verdadera importancia de la obra. Puede ayudar a un mejor entendimiento de ésta; sin embargo, es la obra misma la que produce sentido y no el conocer el contexto del artista.

¿Cómo organizar una exposición?


Continuando con la plática con José Luis Barrios, éste señaló que hay varios elementos que deben considerarse. Es decir, la forma en que los objetos se distribuyen en el espacio de un museo muchas veces se determina por la forma en que una obra debe ser mirada por el público.
¡Claro! Mirar un cuadro de Van Gogh a diez centímetros de distancia sólo va a generar frustración. Es decir, no podrías ver más que una mancha. Sin embargo, contemplar una pintura de Dalí a ocho metros de donde está colocada, probablemente sería más angustiante que estar cerca de todos los elementos que conforman su obra. Por eso es que la curaduría construye sentido en el espacio. Es decir, saturar una sala o dejarla prácticamente vacía, alterará el sentido que el espectador da a las obras.

Sin embargo, hay otras metodologías que se basan más en el valor documental de la obra. Según Barrios, esta es la razón de que muchas exposiciones se enfoquen más en la cantidad de información que hay en las cédulas de varias exposiciones. En este sentido, la formación del curador juega un papel fundamental. Es decir, un filósofo y un historiador del arte buscarán enfatizar aspectos diferentes al momento de buscar generar una experiencia.

Psicoanálisis ¿del arte?

Cuando uno está enamorado, hay veces en que una palabra convencional no basta. Siempre que existe un sentimiento así, una pasión y una locura por el otro, pareciera que nada es suficiente para expresar lo que uno siente en el pecho. Pareciera que el sentimiento va más allá de todo cliché. Por eso Jacques Lacan, psicoanalista francés, señalaba que existe algo que no es apalabrable por el hombre.
Justamente por eso, el hombre, para expresarse, recurre a otro tipo de elementos. En el arte sucede lo mismo. Es bajo esas circunstancias que el poeta utiliza la metáfora o el pintor plasma símbolos dentro de un cuadro. Sin embargo, esto no puede comprenderse si una obra es interpretada bajo una mirada tradicional.

“El psicoanálisis del arte es una experiencia estética”, refiere Ma. Cristina Melgar, reconocida psicoanalista, en su libro Psicoanálisis y arte. Es aquello que permite ampliar el horizonte psíquico del hombre para que las sensaciones entren en juego y sea posible sentir y conmocionarse. Implica una sensación nueva que sea capaz de provocar una reflexión. Es algo que va más allá de todo gusto por la belleza de una obra y que desborda todo el placer que ello provoca (http://www.libreriapaidos.com/tapas/9870003664.JPG).

Como en el amor y en muchos otros sentimientos y pasiones, toda obra de arte posee algo que escapa a las palabras. Según el texto antes mencionado, hay algo enigmático en la obra que sólo puede descifrarse mediante una experiencia que vaya más allá de lo que representado. Es decir, no basta con mirar una pintura, darse la vuelta y alejarse. Debe haber una transformación interior del espectador durante esa experiencia. Mas ello también implica ir más allá de los aspectos superficiales de una obra. Se requiere de un lenguaje relacionado a la percepción humana, de que las pulsiones entren en juego y de una ruptura con los símbolos convencionales para llegar así a una experiencia profunda y a la construcción de una nueva realidad y un sentido para el espectador.

Sin embargo, hay otros importantes aspectos que deben considerarse. De acuerdo a la charla sostenida con Jose Luis Barrios, filósofo, curador y académico de la UIA, “el psicoanálisis del arte no es el psicoanálisis del artista”. Es decir, los casos que plantea Freud en su texto, Psicoanálisis del arte, implican un estudio clínico del artista. En contraste, la realidad y el contexto actual permiten nuevas posibilidades para un acercamiento distinto entre la obra y el público.

El enfoque psicoanalítico en la organización de una exposición es una metodología que, a diferencia de otras más tradicionales, no evade tratar el tema del deseo en la experiencia de los espectadores. Es decir, existen otras formas de interpretación basadas sólo en los aspectos visuales o históricos de las obras. Sin embargo, de acuerdo a Barrios, lo que el psicoanálisis del arte permite comprender es “la función de las fantasías y del deseo en la construcción imagen artística”. Y, en este sentido, el modo en el que el artista libera una pulsión erótica mediante la creación de su obra.

El psicoanálisis del arte proporciona un entendimiento sobre el papel que jugaban el erotismo y el deseo frente a la represión en un contexto determinado. Es decir, como explicó Freud en su texto, El malestar en la cultura, la represión está presente en toda sociedad. Sin embargo, ello no implica que el deseo y las pulsiones dejen de existir o de manifestarse. Su forma de representación puede variar dependiendo de la época. Mas, son justamente esas variaciones y representaciones las que pueden ser conocidas gracias al psicoanálisis del arte.

Por otro lado, según Barrios, “el deseo siempre está presente en la obra porque el arte es una manera en que éste puede ser parcialmente liberado mediante la sublimación [que, de acuerdo a Freud, es una forma indirecta de satisfacción pulsional]”. Sin embargo, este deseo no se reduce al artista porque en la obra existen elementos mucho más complejos que tienen que ver con la función de la represión en la sociedad en la cual la obra fue creada. Gracias a ello, no sólo se entiende el papel del deseo en aquél contexto, sino también la función de la ley.

¿Irreconciliables?


Entre que uno es criticado por “tirarse al sufrimiento” y el otro por ser una psicología “porrista”, pareciera que la guerra entre psicoanálisis y psicología humanista no tiene fin. Mientras que la primera invita a un enfrentamiento con las pasiones, cuales quiera que éstas sean; la segunda apela a un cese del dolor por medio de la acentuación de aspectos existencialistas de la persona en relación a la libertad, la responsabilidad y el conocimiento, entre otros. Sin embargo, al menos en el terreno del arte, quizás se ha dado la posibilidad de llegar a un punto en común.

Así como una exposición bajo una mirada psicoanalítica se basaría en una experiencia sensible generada a partir de los objetos, una exploración a partir del enfoque de la psicología humanista llegaría a la misma conclusión.

Luis González, historiador del arte y profesor de la UIA, actualmente realiza una maestría en psicología y sus estudios están enfocados a demostrar que existen sensaciones que a todos afectan aunque cada quien lo viva de manera distinta: “en un principio está la percepción, que es general; y luego la interpretación, que es personal”.

Para experimentar con lo anterior, González trabaja con chefs que, mediante ciertos ingredientes presentes en sus platillos, son capaces de provocar el mismo tipo de sensaciones en aquellos que prueben los alimentos que preparan: “Ya lo he comprobado. Por ejemplo, todos sabemos que el amor se siente en el pecho o en el estómago. Entonces hay recetas que pueden estar hechas para eso. Cuando hicimos la prueba, todos reaccionaban de manera similar; desde compañeros míos hasta la señora que ayuda en mi casa. Era una sensación que tenía que ver con algo placentero”.

El deseo está presente en todo ser humano. La manera de despertarlo mediante una experiencia sensible puede ser lograda a través un enfoque psicoanalítico en la curaduría de una exposición o por medio de un platillo capaz de generar esa experiencia por los ingredientes que contiene. ¡Vaya que hasta en esta eterna discusión existe un entendimiento!

La otra cara de la moneda


Que si el psicoanálisis es una ciencia, que si no lo es; que si todo es un símbolo fálico, que si Freud es un pansexualista…en fin. La controversia alrededor del psicoanálisis es un hecho. Y, por lo mismo, también se genera cuando se relaciona esta disciplina al campo del arte. En una entrevista realizada a Sara Sutton, socióloga, psicoanalista y profesora de la UIA, ésta comentó que el psicoanálisis del arte constituye una idea que no puede sustentarse: “El arte no debe psicoanalizarse. Eso es una violencia fundamental que hay que evitar. El arte no debe ser un caso para justificar la teoría psicoanalítica”.

Desde su punto de vista, no importa la interpretación de una obra porque en el arte lo último que se juega es la comprensión: “psicoanalizar el arte es empobrecer la obra porque va mucho más allá del autor. Muchas veces se convierte más en una traba, que en una forma de llegar más lejos”. Es decir, para Sutton, el arte no hace discurso mientras que toda interpretación se constituye como uno. Por eso el arte no debe de interpretarse; porque éste desborda toda norma, toda armonía y toda moral.

En este sentido, comenta que, si todo arte es político por transgredir los discursos institucionalizados, una interpretación sería una forma de dogmatizarlo y limitarlo a un nuevo discurso que desvíe al arte de la manera en que éste hace patente un conflicto y es capaz de apalabrar algo que, de otro modo, no sería posible.

¿Qué piensa la gente?


Hablar sobre psicoanálisis se vuelve aún mas complicado cuando lo que la sociedad conoce sobre el tema muchas veces se reduce a las etapas del desarrollo sexual que se enseñan durante la preparatoria. Por lo mismo, las reacciones son encontradas cuando se habla sobre psicoanálisis y arte. Aún cuando el común denominador es creer que el acercamiento entre ambas disciplinas tiene que ver con un análisis de la vida del artista, hay personas a quienes les interesa y otras a quienes no.

Con respecto a esto, José Luis Barrios, filósofo y curador, comentó en la entrevista que se le realizó que, hace varios años, se realizaron un par de exposiciones bajo un enfoque psicoanalítico en cuestiones de curaduría y que fueron un éxito entre el público asistente. Una de ellas en el MUNAL y otra en el Museo Carrillo Hill. Sin embargo, en un contexto actual ¿qué es lo que la gente piensa acerca de una exposición así? De acuerdo a varias encuestas realizadas, las opiniones son variables.

Iván Zavala, asesor de comunicación y mercadotecnia, refiere que le interesaría mucho acudir a una exposición bajo este enfoque pero siempre y cuando lo que se busque no sea interpretar al artista. Es decir, opina que en una interpretación así se corre el riesgo de ser cerrada y reducir al artista a quien quiera que interprete la obra. Sin embargo, si el psicoanálisis se relacionara al montaje de las obras, le parecería una buena idea.
Aned Garduño, estudiante universitaria, también comentó que le parecería muy atractivo acudir a una muestra así ya que el psicoanálisis le parece útil para realizar una crítica o un análisis más complejo sobre las obras y lograr así conocer algo nuevo y diferente sobre éstas. Por su parte, Rodrigo Delgado, también estudiante universitario, sí iría a una exposición de este tipo pero únicamente por curiosidad. Es decir, no le parece que tendría un objetivo concreto.

En contraste, Ricardo Gallardo, médico especialista, no se interesaría debido a que no le parecería un tema que le gustaría ver o tratar en una exhibición de arte; quizás únicamente si la muestra fuera acerca de la corriente surrealista. Finalmente, Soledad Ortiz, secretaria, comentó que tampoco le atraería pues no conoce mucho del tema y no está acostumbrada a ir a museos.

Para una nueva mirada al arte y al psicoanálisis


“Hay que estudiar una carrera para ser alguien en la vida, si no te casas te quedarás a vestir santos, si tienes un bebé sin casarte se va a destruir tu vida, tener una pareja mucho más joven te convierte en un pervertido…”. Y así se puede seguir durante un rato. Estas son las frases que, aún cuando no se expresan de manera implícita, rondan a toda persona que vive en sociedad. No importa si lo crees o no, simplemente, prácticamente son dogmas que se deben seguir al pie de la letra como si se tratara de una cuestión de vida o muerte.

En todo contexto existe una ley y una prohibición. Incluso lo comenta Freud en su texto, El malestar en la cultura. Sin embargo, éstas no se reducen a lo escrito en papel en una constitución o en cualquier otro reglamento formal y creado por el Estado. Como explica Herbert Marcuse en su libro, El hombre unidimensional, existen otras formas de opresión que influyen en la conducta de todo ser humano. Es por ello que toda persona inhibe sus deseos y se comporta de acuerdo a lo dictado por las mayorías.

Con respecto a esto, basta con reflexionar un poco sobre los estudios realizados sobre conductismo o sobre psicología de masas, por Freud. Mediante éstos, puede apreciarse que hay una gran cantidad de conductas que el hombre considera propias pero que en realidad provienen de un aprendizaje. Por eso muchas veces la preocupación esencial de toda persona es el dinero, el matrimonio o el éxito profesional, entre otras.

Con el arte sucede lo mismo. Existen dogmas a los que la sociedad se adapta y no son cuestionados. Por ejemplo, en épocas como las vanguardias, el quebrantamiento de la ley implicaba una ruptura que cuestionaba lo establecido por el sistema. Sin embargo, en la actualidad, la transgresión misma prácticamente se ha constituido como una norma para convertirse en artista. Con respecto a esto, en la charla con Jose Luis Barrios, éste opina: “todo arte proviene de una fractura de algo ya establecido, pero lo que caracteriza al contexto actual, en contraste con épocas previas, es una adaptación a este sistema por parte de los artistas”.

En contraste, el psicoanálisis del arte permite un alejamiento de las concepciones tradicionales de creación de una obra. Ello se demuestra con la integración de esta disciplina por parte de los surrealistas y el método paranoico-crítico creado por Salvador Dalí. Mas este enfoque también permite una modificación en la relación establecida entre obra y espectador durante una exposición. De acuerdo a Barrios, el psicoanálisis permite dislocar las formas y lecturas normalizadoras de la cultura en el sentido en que ésta puede inhibir el deseo. Sin embargo, “también hay momentos donde las prácticas culturales y, sobre todo, artísticas son subversivas a la normalización. Es una forma de ver algo que el discurso institucionalizado, no permite”.

Aplicar el psicoanálisis al arte no es una interpretación más que impida que el espectador tenga una aproximación propia a la obra. Tampoco implica una reducción del artista a la locura ni los componentes de su obra a sus delirios. Mucho menos implica hablar de sexo. La presencia de esta disciplina en el terreno artístico más bien es otra forma de mirar las obras y, por ende, a uno mismo. No constituye un discurso rígido que sólo explique los componentes visuales de un cuadro. Por el contrario, es una forma distinta de llegar hasta el público y poner en juego no sólo el contexto del artista, sino la experiencia que cada persona puede generar en relación al deseo. Sin embargo, no un deseo relacionado exclusivamente a la sexualidad y a todo lo que socialmente es juzgado y rechazado, sino un deseo que forma parte de toda persona…de la esencia de todo ser humano.

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